El manual de guerra de Néstor Kirchner

Esto lo escribí a pocas horas de la muerte de Kirchner para elmundo.es. Un año después permite comprender la ley "antiterrorista", la ley que terminará limitando el acceso al papel de diario a los medios críticos y los embates contra el periodismo en general.

 Como se sabe, la muerte embellece algunos rasgos imperfectos de los seres humanos. Pero en el caso de Kirchner, su fallecimiento provocó una catarata de elogios que contradicen su accionar de toda la vida. Muchos de los adjetivos que desparramaron alrededor del féretro del ex presidente lo hubiesen hecho reír un buen rato. En la procesión de líderes latinoamericanos que llegó a Buenos Aires para despedir al marido de Cristina Fernández, varios coincidieron en que Kirchner era “un hombre de consensos”. Así lo destacaron el presidente colombiano Juan Manuel Santos y el paraguayo Fernando Lugo. Una exageración. Comprensible, pero exageración al fin. Si había una palabra que le provocaba rechazo era “consenso”. El estilo de Néstor Kirchner, por haber estado siempre en puestos ejecutivos, estaba ligado a la acción, con escaso interés en lo que podían aducir opositores e incluso simpatizantes bien intencionados. El legado para los militantes que lloraron su partida no es un manual de cómo pactar para llegar a una sociedad mejor, o el diálogo como base para resolución de conflictos.

Lo que deja Kirchner para esa multitud entusiasta que prometía continuar el “proyecto kirchnerista” son unas lecciones prácticas que bien podríamos llamar “manual de guerra k”. Los puntos principales de ese legado podrían resumirse en quiénes son los enemigos y cómo se los combate. La clasificación es sencilla: todo aquel que no esté con nosotros, es nuestro enemigo. Y es la versión remozada de lo que decía Perón: “al amigo todo, al enemigo ni justicia”. Lo que hizo Kirchner fue adecuar ese dicho a los tiempo que corren. La orden es “destruir” al enemigo donde sea, en la calle, en las redes sociales, donde haya uno criticando al proyecto kirchnerista irán cinco “de los nuestros” a darle su merecido.
 ¿Cuáles son los principales adversarios del “proyecto? 
a) La oposición, que siempre miente y sólo busca desestabilizar al gobierno
b) Los periodistas no oficialistas, que están al servicio de la oposición y del poder económico concentrado
c) Los indecisos, porque son tibios que le hacen el juego a las derechas.

 En los últimos años, Kirchner logró levantar una emporio mediático con medios de comunicación pertenecientes al Estado, pero también de empresarios privados, a los que subsidió con tal de conformar una usina contra “los adversarios del proyecto”. El principal programa de televisión de este circo informativo es “6 7 8”, que se emite por el canal estatal. El objetivo de esta tertulia de periodistas es poner duda todo lo que dicen los medios tradicionales y exaltar las medidas del gobierno. Incluso, llegaron a parodiar a los periodistas que semanas atrás alertaban sobre el delicado estado de salud de Kirchner, en una actitud infantil de menosprecio por la vida. Esta serie diaria televisiva se basa en la repetición al cansancio de informes que castigan al opositor o crítico de turno.

 Otro consejo nítido que surge de la filosofía Kirchner es la continuidad. Nada ni nadie puede detener el embate contra el enemigo, sean cual fueren las circunstancias. El desprecio al rival, el insulto a los críticos y el ataque a todos, no debe cesar ni en las peores circunstancias. Y se lo pudo ver ayer por la tarde, mientras los simpatizantes kirchneristas aguardaban bajo la lluvia para ver el paso final del féretro. Matizaban la espera con cantos violentos contra el vicepresidente “traidor” de Cristina Kirchner, o contra el diario Clarín, el último “gran enemigo” que Kirchner puso en la mira. Sería positivo que esas imágenes fuesen las últimas del proceso que tuvo a Kirchner como figura central de la política argentina. Pero será difícil para Cristina Fernández desactivar las enseñanzas del manual de guerra k. Y hay que ver si quiere hacerlo. Es que como decía Kirchner: “Para qué vamos a cambiar, si así nos está yendo bien”.


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