29/03/10

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Barone: El que esté libre de culpas, que tire la primera mierda

Soy un ferviente seguidor del programa 678, creado para ensuciar al periodismo argentino y a cualquiera que se digne a criticar al gobierno de los Kirchner. Es indignante y a la vez divertido, ver como varias personas que alguna vez fueron periodistas atacar con saña y alevosía a la "corpo mediática". Entre ellos, sobresale Barone, un escritor y periodista al que todos respetábamos, porque combinaba ironía, humor y crítica. Hasta que llegó a 678 y se convirtió en el emblema de un programa de tv que funciona con la técnica fascista del escrache hacia los críticos, sólo a veces disimulada por los bloques de alabanza sin pliegues al oficialismo..

En las últimas semanas, 678 y Barone se dedicaron a Clarín y a su papel durante la dictadura, para lo cual ponían una y otra vez en pantalla la tapa del día después del golpe del 24 de marzo de 1976.




Con razón, Barone y sus compinches, se reían del "Total normalidad" que precedía al título principal. Y de allí, pasaban a las "conexiones golpistas" de Clarín y los jueces que ahora conceden amparos que demoran la aplicación de la Ley de Medios, sancionada a instancias de los Kirchner, alejados ya del matutino luego de ser socios estratégicos durante el mandato de Néstor Kirchner.

Me llamaba la atención cierto mea culpa de Barone, tirado con disimulo entre garrotazo y garrotazo. Tal vez fue imperceptible, pero noté con claridad que el maduro periodista tenía algo clavado en la conciencia. "Uno tal vez no ha hecho todo lo que debía en esa época", decía como al pasar Barone, y luego seguían embistiendo contra Clarín, su directora, sus hijos "apropiados", sus periodistas -que viven callados por temor, etc.-

Pero no sólo a mí me producía inquietud este presente de Barone (y su pasado), también al periodista cordobés Sergio Carreras, de mi misma generación, quien escribió en su blog un post llamado "Mis amigos K":

Qué capo ese Orlando Barone, me comentan y yo, que recorté y leí durante años las columnas de Puerto Libre que Barone publicaba en La Nación, me pregunto qué clase de lobotomía le tiene reservado el destino a los periodistas lúcidos cuando llegan a viejos, porque nunca se puede haber sido simulador tiempo completo.

Más allá de las suposiciones sobre qué le puede haber pasado a Barone, decidí rastrear un poco la historia de Orlando para saber por qué de a ratos dejaba advertir que ni él estaba conforme con su presente... o con su pasado. Fui a su página web a ver si había pistas de esa historia que parecía gotear entre escrache y escrache a medios, periodistas, la viuda de Noble o Clarín. Pero en su página no hay pasado, o sí. Pero no hay pasado periodístico, salvo un detalle desordenado de su estadía por algunas publicaciones:
Director del diario El Cronista, y del diario Extra (1990/91)· Secretario de Redacción de la Director del diario El Cronista, y del diario Extra (1990/91)· Secretario de Redacción de larevista Expreso (1987), · Periodista y corresponsal del diario Ambito Financiero (1993/94) · Periodista y columnista del diario La Razón matutina dirigido por Jacobo Timerman ( 1984) · Director de la revista de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires ( 1992/93) · Fue redactor de Siete Días (1982/ 84), Crisis ( 1973), Mercado (1969/72), agencia DYN (1982/86), Agencia de Noticias TELAM (1994/96), revista 3 Puntos ( 2000/2003) y revista Noticias (1996/99)

Si leen con detenimiento, en este currículum de su página, no figuran los años negros de la dictadura. ¿Qué pasó con Orlando esos años? ¿Se exilió? ¿Puso una pollería? Fíjense que los datos están tirados sin orden cronológico, pero si uno los ordena su último trabajo pregolpe fue en la revista crisis (1973) y luego reaparece en 1982 en la revista Siete días. ¿Y en el medio? ¿Qué hizo Barone durante 1976 y 1982?

La única solución al enigma era ir a la historia laboral de Barone asentada en el Anses, un organismo estatal que no puede merecer refutación de 678. Allí, en la ficha de José Orlando Barone, nacido el 5 de octubre de 1937, hay una parte de la respuesta que andábamos buscando. ¿Saben dónde trabajaba Barone cuando se publicó la tapa de Clarín que preside este post? Sí, en Clarín. Y no era un niño. En marzo de 1976, Orlando Barone tenía casi 39 años.

Según el cronograma de aportes jubilatorios del Anses, Barone ingresó en febrero de 1976, un mes antesl del golpe militar, en la sociedad dueña de Clarín llamada "Arte Gráfico Editorial Argentino (AGEA S.A.)", que en 1999 pasó a ser Grupo Clarín S.A.

¿Por qué ese dato no figura en su curriculum vitae? Tal vez porque trabajó hasta diciembre de ese año, cuando se fue para la revista Salimos, una publicación de ocio y tiempo libre.

Quizás alguno pueda pensar que si bien fue en el momento clave (febrero-diciembre de 1976), diez meses no justifican "ensuciar" una hoja de vida de una persona de 72 años. ¿Qué son 10 meses en alguien que ha vivido 850? Sin embargo, según el mismo informe del Anses, Barone volvió a Clarín en enero de 1978 y se quedó hasta diciembre de 1981.
¿Qué no estuvo todo el Proceso, sino que pudo salir del grupo en 1981? Bueno, podría ser un mérito. Pero desde el 83 al 85, ya con la democracia recuperada, Barone pasó a Diarios y Noticias, la agencia que también dominaba Clarín.

La negación de Orlando sobre su pasado en el Grupo Clarín, cuando ya era un hombre hecho y derecho, abre otros interrogantes. ¿Qué dirá de los Kirchner y de 678 en unos años? Supongamos en ocho, cuando él cumpla los 80. Tal vez diga que el matrimonio que reinaba en el país se enriqueció en el poder y que había una manga de periodistas chupamedias que tapaban sus flaquezas con la sobreactuación y apropiación de la bandera de los derechos humanos. O que Gvirtz era un perverso ejecutor de las operaciones que ideaba en Olivos el dueño de todo. Podría ser. Como diría Orlando, luego de ver esos pomposos informes sobre el golpe del 24 de marzo, nada puede construirse si no respetamos la memoria.

Yo no juzgaría a Barone por lo que hizo o no hizo en el '76. Sólo me llama la atención su presente y me inquieta su futuro. Y creo suponer por qué borró de su pasado sus años en Clarín, y por qué su vida laboral "desapareció" durante el Proceso. No tengo dudas de que lo hizo para estar libre de culpas, y así poder arrojar la primera mierda.

26/03/10

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Adelanto


23/03/10

15

Cómo titular una columna de Forrester (y no morir en el intento)

Ricardo Forrester es un filósofo kirchnerista, que no es el primero porque antes está José Pablo Feinmann, de profusa actividad mediática tras su irrupción durante el debate por la Ley de Medios. Uno de los líderes de Carta Abierta, y de prosa algo abigarrada y difícil de seguir. No escribe fácil, no porque sea un negado sino porque es latoso y rocambolesco. Ejemplo: Para decir que "Hay un relato por el cual a los Kirchner se le atribuyen todos los males, hasta convertirlos en la bestia negra, como hicieron con Perón en su tiempo para minimizar los logros sociales". El filósofo escribe una parrafada más o menos así:

Para ese relato hegemónico que describía la realidad a través del paradigma de la catástrofe y de “la caja”, del autoritarismo y la corrupción, de la inseguridad y la criminalización de la pobreza, del apocalipsis inminente y de la inflación galopante, del aislamiento internacional y de la chavización, los Kirchner se erigieron en la bestia negra, en los comeniños que venían a llevarse puesto el ahorro de los buenos y honestos ciudadanos. Alquimia extravagante de peronistas setentistas, de impostores, expropiadores de filiación comunista, corruptos insaciables y populistas patológicos que incluso se quieren quedar con las reservas del Banco Central (algo parecido, eso nos decían nuestros padres y abuelos había hecho Perón en su tiempo con los lingotes de oro que desbordaban la caja fuerte y hasta se acumulaban en los pasillos de tan egregia entidad que debiera proteger el dinero de los argentinos, ese que suelen necesitar los grandes grupos económicos para garantizar la fuga de capitales y no para andar realizando políticas de reparación social).

Bien, el problema no es para los lectores puesto es sabido que parrafadas de este estilo sólo pueden ser comidas por muy pocos, sino para los editores de esos artículos que deben titular semejante monserga. Cada semana, Forrester escribe en la revista Veintitrés, que por más que sea oficialista, está hecha por periodistas y éstos deben ponerle título a todas las notas. Incluso a la de Forrester. ¿Cómo hacer ante este texto inmisericordioso cuando llega una horas antes del cierre? ¿Qué editor puede leer semejante caterva de términos históricos, adjetivos escritos con voz alta y frases largas como esperanza de pobre? He descubierto el método. Y sin haberlo vivido, puedo intuir esta escena en la redacción de Veintitrés.

-Che, Fulano! llegó la columna de Ricardo... Ponele título..
-Oíme, Zutano, la semana pasada la titulé yo... Yo no me la leo entera, es trabajo insalubre.
-Dale, no jodas. Leete las primeras líneas y las últimas y titulá. ¡Apurate que se enfría la pizza!

Entonces, el pobre Fulano que tiene que ganarse el mango como cualquier mortal pone en pantalla la columna de Forrester y señala dos pavadas. O dos frases que le parecen destacadas. Como en la última edición. Vean (no es necesario leer todo el texto, sólo lo señalado con rojo)

Tiempos relampagueantes que nos toman desprevenidos y nos ofrecen el raro espectáculo de acontecimientos inesperados que vienen a perturbar la supuestamente normal y lineal marcha de la realidad. Extrañas vicisitudes que ponen al descubierto que, como lo sabe desde siempre el arte y la literatura y lo han intuido la filosofía y la ciencia, hay varios tiempos en el interior del tiempo, como si la interioridad y la exterioridad, el antes y el después, el ahora y el mañana, el instante y la eternidad, la actualidad del ayer y la anacronía del hoy se conjugaran para darle forma a un insólito calidoscopio en el que se entremezclan las más variadas experiencias de la temporalidad. El espectáculo de días imprevistos que nos devuelven a vivencias lejanas se yuxtapone con las diversas formas del olvido que suelen arremolinarse en el presente que se quiere eterno e inagotable. Pero también la evidencia de una ruptura en el interior de la sucesión lineal y homogénea de lo que supuestamente es el tiempo acumulativo de la política o de la historia entendida como progreso. Crispaciones y desmembramientos que vienen a deslegitimar la idea, dominante y aceptada, de una evolución que se despliega de acuerdo a una cierta racionalidad determinada por los triunfadores de ayer y de hoy. Tiempo, también, del acontecimiento disruptivo que hace añicos lo establecido reconfigurando la escena del presente y quebrando en mil pedazos las certezas y los dogmatismos de aquellos que se creen dueños de las claves para descifrar la marcha necesaria de la historia. Enigma y sorpresa se enlazan con la espera y lo deseado recreando una percepción de la realidad que la vuelve más profunda e intensa.
Siguiendo estas reflexiones algo metafísicas sobre el tiempo y sus variaciones podemos intentar analizar qué le ha ocurrido a la temporalidad argentina en estos últimos días atravesados por el vértigo y por la sorpresa. Porque, y esto es importante señalarlo, el tiempo, en especial el histórico-político, se organiza de acuerdo a los diversos relatos que pugnan por imponer sus propias interpretaciones haciéndolas pasar por las verdaderas y lanzando a las otras a las arenas del olvido. Un relato pareció dominar la escena de los últimos tiempos argentinos. Un relato machacador y unívoco que saliendo de las usinas mediáticas se desparramó por la mayor parte del cuerpo social impregnando conciencias y dándole forma al núcleo duro del sentido común, ese mismo que termina por configurar esa entelequia llamada “opinión pública” y que no suele ser otra cosa que aquello que los propios medios corporativos definen como lo que debe ser la “opinión pública”.
Un relato obsesivo, unilineal que asumiendo la forma de la cadena nacional logró, eso pareció al menos, colarse en la intimidad y en la interioridad de las conciencias hasta ofrecer la imagen de una clase media irreductiblemente lanzada a denostar a un gobierno visualizado como el enemigo al que había que intentar destruir. Para ese relato hegemónico que describía la realidad a través del paradigma de la catástrofe y de “la caja”, del autoritarismo y la corrupción, de la inseguridad y la criminalización de la pobreza, del apocalipsis inminente y de la inflación galopante, del aislamiento internacional y de la chavización, los Kirchner se erigieron en la bestia negra, en los comeniños que venían a llevarse puesto el ahorro de los buenos y honestos ciudadanos. Alquimia extravagante de peronistas setentistas, de impostores, expropiadores de filiación comunista, corruptos insaciables y populistas patológicos que incluso se quieren quedar con las reservas del Banco Central (algo parecido, eso nos decían nuestros padres y abuelos había hecho Perón en su tiempo con los lingotes de oro que desbordaban la caja fuerte y hasta se acumulaban en los pasillos de tan egregia entidad que debiera proteger el dinero de los argentinos, ese que suelen necesitar los grandes grupos económicos para garantizar la fuga de capitales y no para andar realizando políticas de reparación social).
El matrimonio presidencial, así es presentado una y otra vez buscando ligar esa imagen con el nepotismo monárquico, sería machaconamente descrito como una pareja de ambiciones ilimitadas, tejedora obsesiva de una telaraña de poder en la que atrapar a la pobre y desvalida nación argentina. Un relato que encontró caldo de cultivo en ciertas zonas oscuras y tenebrosas del prejuicio y del racismo tan afín a ciertos estratos medios que, repentinamente y mostrando que el tiempo es relampagueante y multiforme, recuperaron viejos reflejos olvidados allí donde manos bastardas escribieron en las paredes de una Buenos Aires antigua y difuminada en el recuerdo la ominosa frase, “viva el cáncer”, y que ahora, con otros giros expresivos, se recicla en otra como “muera la puta montonera”. Para el relato hegemónico, ese que martillea a toda hora desde pantallas, radios y diarios, la “crispación”, el “hegemonismo autoritario” y el “revanchismo resentido” son atributos de Néstor o de Cristina Kirchner, mientras que las amables frases que se pronuncian cotidianamente en countries y clubes, en empresas y oficinas, en shoppings y en blogs, frases de una brutalidad y de una furia homicida aberrantes, no merecen ningún comentario. Del mismo modo, que la sacerdotisa mayor del culto antikirchnerista, pitonisa de célebres anticipaciones cósmico-apocalípticas que nunca se cumplen pero que muchos esperan como si se estuviera anunciando la llegada del Salvador, suele arrojar sin ton ni son frases de una crispación inaudita sin que esos mismos medios digan absolutamente nada. Modos peculiares de construcción del relato, ejercicios de invención que operan como máquinas de producción de sentido.

2. La semana pasada fuimos testigos de esos giros imprevistos en la marcha del tiempo o, mejor dicho, pudimos comprobar que por abajo o por el costado del relato dominante existen otras temporalidades o se despliegan acontecimientos que hacen saltar los goznes de las cerraduras que intentan atrapar la multiplicidad y lo inesperado en nombre de una univocidad sofocante del relato que les conviene.
Entre el miércoles, día anunciado como el del proceso inquisitorial con posterior condena anticipada de Mercedes Marcó del Pont, pasando luego por el bochornoso espectáculo de una oposición desquiciada y alucinada por su propia incapacidad para ser algo más que una tienda de los milagros, arribando en la tarde-noche del jueves a un extraordinario acto multitudinario en Ferro (más de 50.000 concurrentes) en el que los movimientos sociales construyeron un puente para generar un tránsito de ida y vuelta entre el ya lejano 11 de marzo de 1973 y nuestros días calientes, mostrando que el tiempo es caprichoso y que el pasado puede derramarse sobre el presente y éste reinterpretarlo de acuerdo a sus necesidades, y la imprevista movilización que llevó el viernes al caer el día a miles de hombres y mujeres muy de clase media a Plaza de Mayo para salir en defensa del Gobierno, impulsados en principio por esa forma rara y nueva de comunicación a través de un facebook del programa 6,7,8, y mostrando, aunque fueran invisibilizados por los medios corporativos, que el relato de una clase media uniforme y cerradamente antikirchnerista es, eso también, un relato interesado que se repite obsesiva y meticulosamente. Entre el miércoles y el viernes algo se rompió en esa temporalidad anunciadora de la llegada de los días finales, en esa acumulación discursiva que describía el tiempo actual como el de la decadencia anunciada del Gobierno, una decadencia que podía ser apurada como en Honduras desde el Congreso de la Nación y desde ciertas zonas bien visibles del poder judicial.
Lejos de ocurrir lo que se anunciaba, mucho más lejos de completarse la avanzada destituyente que buscó borrar a Mercedes del Banco Central, estallada la supuesta unidad opositora, lanzados los periodistas “independientes” a denostar a quienes hasta el miércoles por la mañana elogiaban como los salvadores de la República, incrédulos ante la sucesión desopilante de errores y de incoherencias que mostraban una suerte de guerra de todos contra todos con acusaciones cruzadas de traiciones múltiples. Perplejos los socialistas santafesinos por la foto de su senador con el archienemigo Reutemann y rodeado de los impresentables Menem, Rodríguez Saá y Juan Carlos Romero y abochornados por el apoyo de Giustiniani para que una senadora puntana del Opus Dei desembarcara en la presidencia de la Comisión de Legislación; ocupados los radicales en deshojar nuevamente la margarita entre Cobos, el gran elector que empieza a deshilacharse, Alfonsín, copia fiel de un padre que lo catapultó a una fama inesperada, y Sanz, tercero en discordia y viejo cultor de oratorias comiteriles, apenas si tuvieron tiempo para encajar las vicisitudes de una apuesta opositora en estado de desmembración. Y en el medio un sector que se reclama de tradición nacional y popular y que hoy dice expresar a la franja de centroizquierda, que mientras la derecha restauracionista se abalanzaba sobre cuanta comisión existe y se aprestaba a rechazar el pliego de la única presidente del Banco Central ajena al neoliberalismo, se dedicaba también a judicializar la política y a complacerse por el obsequio que le hizo esa oposición de alguna presidencia de comisión para discutir e investigar aquello mismo que generaron sus actuales aliados. Extrañas vicisitudes de este tiempo-loco en el que lo esperable no acontece y donde lo inesperado genera un giro en los acontecimientos.
Una semana que nos ofreció la oportunidad de mirar de otro modo aquello que habita nuestro presente escapando al
relato monocorde de quienes buscan reducir la complejidad de este tiempo argentino invisibilizando acontecimientos que pueden interrumpir su euforia triunfalista. Tal vez la posibilidad de reconocer que, por suerte, nada está escrito definitivamente en el libro impredecible de la historia.

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Y sí, la columna se llamó: Tiempos relampagueantes y relatos monocordes.


19/03/10

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La última esperanza



Si ven hasta el final este video donde las madres reclaman por sus hijos en plena dictadura, entenderán el título. Cada vez que el Gobierno usa el tema de los desaparecidos, de los derechos humanos o de los nietos recuperados como bandera política, primero me produce asco y luego un reconocimiento para el periodismo. El que mantuvo el tema desde adentro y desde afuera, y como se pudo, durante los años en que los Kirchner, por ejemplo, empezaban a amasar una pequeñísima fortuna ejecutando deudores en el sur, gracias a la tablita de Martínez de Hoz.

En los años finales de la dictadura, cuando llegué a Buenos Aires, solía ir a la ronda de las madres que era los jueves a eso de las tres de la tarde. Y también algunas marchas que se intensificaron el año de la guerra de Malvinas. Como tengo mucha memoria visual, recuerdo varios rostros de los que andaban siempre mezclados en las manifestaciones y que luego, muchísimos años después, supe quiénes eran. Por ejemplo, me llamaba la atención alguien de barba larga y acompañado por alguna mujer joven. Veinte años después me di cuenta que era Emilio Pérsico, el piquetero que se hizo famoso con Kirchner. También era un habitué el fray Antonio Puigjané, luego detenido por el ataque a La Tablada, o una muchacha paralítica que la llevaban semiacostada en una silla-cama.

Cada vez que los Kirchner usan los derechos humanos para limpiarse algún pecado menor, recuerdo una marcha hacia Casa Rosada que encabezaba Hebe de Bonafini y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y que avanzaba por Avenida de Mayo y 9 de julio. En Piedras, la policía montada cruzó los caballos y metían miedo (o a mí me daban mucho miedo). Sin embargo, las madres y el Nobel insistían con avanzar aunque al fin tuvieron que desviarse por una lateral. En esos desvíos, solía ver, por ejemplo, al que luego supe que era Pérsico. ¿Y por qué recuerdo a Kirchner? Porque para esa misma época, el entonces abogado de Santa Cruz se fotografiaba sin problema con el General Guerrero, que había llegado al sur luego de ser el antecesor de Camps en la provincia de Buenos Aires.

Los Kirchner nunca estuvieron en ninguna manifestación en Buenos Aires y tampoco en Río Gallegos, como ya han contado varias veces los militantes de derechos humanos del sur. Tampoco estuvieron en la marcha de la Multipartidaria, en diciembre de 1982, cuando en la vereda del Cabildo asesinaron a Dalmiro Flores. Ese día, en la plaza estuvieron radicales, peronistas -un patilludo Menem- y Oscar Alendre, del Partido Intransigente. Más tarde, ya con la noche sobre el Cabildo hubo represión y cayó este muchacho que era albañil. Cuando comenzaron los gases y los palazos creo haber corrido hasta la entrada del subte más cercana, en medio de una muchedumbre en busca de refugio. Nadie sabía de la muerte de Flores (me enteré a la mañana siguiente al leer Clarín).

Por eso, cuando veo a este gobierno manosear el tema de los derechos humanos, que descubrieron en 2003, me enorgullece el papel de algunos periodistas. El que ponía el micrófono y el que filmaba a las madres en el video superior, el que dejaba registro de los habeas corpus (como Robert Cox) o los que difundían fuera de la Argentina lo que pasaba. Verdaderos héroes al lado de los miserables, que 30 años después, lucran con el dolor ajeno.

En el año 96, entrevisté al represor Guillermo Suárez Mason. Y una de las cosas que más me llamó la atención era su respeto hacia "sus enemigos", otros miserables como él pero que "iban al frente. Transcribo parte de esa entrevista, que puede leerse completa en esta web:

Suárez Mason valora a quienes lucharon contra él con un respeto asombroso. Es comprensible, unos y otros, necesitan justificarse por la existencia del opuesto. El enemigo es la razón de su vida. A los espectadores los reprueba.

"Sabe cuáles son los peores? Los que cuando las papas quemaban estaban bajo la mesa y ahora son los salvadores de la Patria."

Por eso no le molesta que Gorriarán sea indultado.

"Y me parece que a ellos tampoco les molestó que nos indultaran a nosotros. Nunca les oí decir algo. En cambio, los de afuera armaron flor de escándalo". Mason respeta las autocríticas de "los que estuvieron".

Suárez Mason menospreciaba a los "espectadores" y a los periodistas en general, y va otro párrafo de esa entrevista, donde sólo rescata a Hadad -un amigo de los Kirchner- y al diario La Nación:

Una y otra vez, Suárez Mason explica sin alterarse, pone ejemplos y, a veces, se permite bromear cuando la conversación pasa por la política o el periodismo. En este último rubro sólo rescata a Daniel Hadad (34), "el más benigno con nosotros", asegura.

Cree que las Madres de Plaza de Mayo han perdido autoridad porque "están actuando en la izquierda". En cambio, rescata a las Abuelas de Plaza de Mayo: "Esas suenan menos no? No tienen participación política visible y creo que están haciendo un esfuerzo para recomponer lo que pasó. En buena hora".

El cuestionamiento a la metodología represiva durante el Proceso se debe, según Suárez Mason, a la ignorancia de quienes no conocieron el poder de fuego de un enemigo inasible en los centros urbanos, capaz de mimetizarse en cada una de las esquinas. Y culpa a los voceros de la izquierda repartidos en todos los medios de comunicación de la Argentina. Con algunas excepciones, el ya mencionado Hadad y el diario "La Nación", el único periódico que ingresa bajo la puerta de los Suárez Mason.

Por eso, el video que encabeza este post, debiera ser visto una y otra vez por los periodistas o estudiantes que no vivieron aquella época y aquella dictadura. En la desesperación de esa madre que le dice al periodista "son nuestra última esperanza", hay un múltiple mensaje. Y una enseñanza cruda para quienes estudian o quieren trabajar en los medios de comunicación. Ayer y hoy, antes y ahora, defender a un gobierno no es tarea de periodistas. Y mucho menos de un gobierno que usa los derechos humanos con el mismo cálculo que usa las estadísticas del Indec. Mucho más, cuando sus principales referentes se lavaron las manos cuando las papas quemaban.

18/03/10

5

Adelanto


17/03/10

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Las batallas perdidas de Chávez




Hace un año atrás, Hugo Chávez llamaba a sus seguidores a "meterse" en internet y contraatacar por "la vía electrónica", algo que aprendió de la cibermilitancia k -hoy bastante aburguesada-, pero que le despertaron la inquietud al payaso peligroso. Se ve que no ha tenido mucho éxito el venezolano, porque ahora sale a pedir "justicia" contra los bárbaros.


16/03/10

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20 años del semanario Análisis

En medio de las celebraciones de los 20 años del entrerriano Semanario Análisis de la Actualidad, cuyo motor es el periodista Daniel Enz, organizaron una serie de actividades de las que participaremos periodistas de todo pelaje.

En Paraná, el 5 de abril hablarán de “La narración periodística en tiempos de internet”, la cordobesa Norma Morandini (periodista, escritora, actual senadora nacional), Eduardo Anguita (director del Semanario “Miradas al sur”) y Mario Wainfeld (editor de la sección Política de Página 12). El moderador será Guillermo Alfieri .


El 6 de abril, en el mismo lugar y horario, Daniel Santoro (Clarín), Gonzalo Sánchez (Crítica de la Argentina) y Gerardo Young (Clarín) compartirán el panel sobre “La investigación periodística”. En Paraná, el programa de charlas continúa el 9 de abril a las 20, con la mesa sobre “Medios, poder político y realidad” del que serán parte Miguel Bonasso, Nelson Castro y Ernesto Tenembaum.
En la jornada del sábado 10, estará Horacio Verbitsky (Página/12) y en abril, hablaremos de "Prensa, poder y militancia", Lorena Maciel, Miriam Lewin y yo, en el único panel con supremacía femenina.

12/03/10

5

Adelanto


10/03/10

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El plan Kirchner para quedarse hasta 2020



Kirchner lo dijo hace un rato, quiere gobernar hasta el 2020. Faltan diez años nomás. Hace cuatro años, en la tapa de la revista Noticias revelamos esto, que dicho en aquel momento parecía una locura. El 3 de marzo de 2006, fecha de ese artículo, aún no se hablaba de Cristina como candidata y es más, todos suponían que iba a ser Néstor Kirchner el candidato oficial en 2007.

La tapa había quedado tan redonda que ese post donde adelantaba la portada lo titulé obra de arte, pero me había olvidado de ella hasta que Néstor Kirchner dijo lo que dijo hoy. Una de las fuentes de aquella nota fue uno de los senadores oficialistas que ha estado sonando mucho estos días y un ministro que ya no está. Es probable que los Kirchner pierdan, que tal vez no lleguen al 2019, pero la confirmación de Néstor en la tribuna chaqueña donde habló, vuelven a demostrar por qué Noticias sigue siendo la revista líder de su sector.


Alineación al centro

08/03/10

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El secreto de sus ojos tiene quien le cante







Soledad Villamil, la protagonista de la película que ganó el 0scar, se inscribe entre los cantantes que no exageran un estilo para tener un estilo.

07/03/10

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Los diarios del domingo



Mientras comenzaba a leer los diarios en la madrugada del domingo, me llegaron dos consultas casi instantáneas vía Twitter. Una desde Venezuela, donde me comentaban que los ciberñoquis chavistas (supongo activistas digitales bolivarianos) estaban diciendo que en la Argentina se venía un golpe. Luego, buscando entre los tuits venezolanos apareció esto: lean cuánta "información" de la Argentina maneja el muchacho. La segunda consulta vino de Chile. Allí también había rumores de golpe de Estado en la Argentina. La tranquilicé a la amiga diciéndole que en todo caso podría ser un autogolpe.
Luego de la lectura entrecruzada de panoramas políticos y otras yerbas, me surgió la imagen de una Cristina azelayizada. ¿Busca el gobierno una salida a lo Zelaya? No lo sé, pero a ambos le quedan de maravillas los sombreros aludos.

05/03/10

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Isla presidencial




El Chigüire Bipolar es un exitoso blog venezolano que encaró la megaproducción de Isla Presidencial, donde por supuesto también está Cristina. También se puede seguir a los Presidentes en Twitter @ipresidencial y Facebook. En el canal de Youtube del blog, ya se puede ver el primer capítulo.

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Adelanto


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