Periodismo online: la rueda del hámster

The Hamster Wheel / La Rueda del Hámster

Por qué si estamos corriendo lo más rápido que podemos, no llegamos a ninguna parte

Por Dean Starkman, Columbia Journalism Review, septiembre/octubre de 2010

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“Las redacciones se han achicado en un 25 por ciento en tres años”, Project for Excellence in Journalism (PEJ),“State of the News Media 2010”

“Una amplia mayoría (75%) de los editores dice que su volumen de notas. . . ha crecido o se ha mantenido igual durane los últimos tres años”, PEJ, “The Changing Newsroom,” July 2008

“Ahora todos somos periodistas de cableras”, Theresa Agovino, Crain’s New York Business, en una conferencia de redactoras del mercado inmobiliario, diciembre del 2009

“El corresponsal de la NBC en la Casa Blanca, Chuck Todd, en un día normal hace ocho a dieciseis entrevistas de pie para NBC o MSNBC; conduce su programa ‘The Daily Rundown’; aparece frecuentemente en los programas ‘Today’ y ‘Morning Joe’; twittea o postea en Facebook ocho a diez veces; y arma tres a cinco posts para blogs. ‘Ahora todos somos periodistas cableros’, dice” —Ken Auletta, The New Yorker, “Non-Stop News,” January 25, 2010

“Todos corren como ratas” , un editor del Wall Street Journal, 21 de junio.

“La primicia nunca había tenido más importancia para nuestros usuarios profesionales, para quienes unos pocos minutos, o quizás segundos, son una ventaja crucial cuyo valor se ha multiplicado exponencialmente”, Robert Thomson, editor gerente, The Wall Street Journal, en un memo a los empleados bajo el título “Un asunto de urgencia”, con fecha del 19 de mayo.

“Todos tienen que estar al aire todos los días. Esa es la gran diferencia” —Greg Guise, corresponsal digital (cameraman), WUSA9-TV, Washington, D.C., 2 de junio.

“Dando vueltas y vueltas en el creciente espiral /El halcón no puede oir al cazador”, William Butler Yeats, “The Second Coming”.

“Consultado sobre cual fue la pérdida de su redacción que más los afectó, un editor simplemente respondió: ‘El concepto de quiénes y qué somos’”, PEJ, “The Changing Newsroom”

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Vivimos en tiempos desafiantes en el mundo de las noticias. Nos damos cuenta de ello, incluso aquí, en la comunidad del CJR. No estoy aquí para brindar argumentos en contra de la experimentación, en contra de mantenerse al día con los Huffingtons, en contra el Mike Allen-ismo, o contra nada de ello. No soy anti-velocidad. Apurarse es bueno. Es la razón primera por la que hay un negocio de la información. Es lo que hizo al hombre correr las 36 millas desde la batalla de Maratón. Es la razón por la que “periodismo” empieza con “period”, aunque ahora probablemente podríamos llamarlo hora-dismo. Así que quédese tranquilo: sus periodistas son pro-primicias, pro-romperse el lomo, pro-estar al día, por-competir-por-los-restos-de-una-noticia-como-una-manada-de-aves-de-rapiña, pro-video, etc. Tipiar, tipiar, jadear, jadear—fffiiiu!

También estoy a favor de la cantidad en lo que refiere a noticias. Yo siempre digo que más es más. Aunque se supone que nuestros lectores están super-ocupados, así que en teoría no tiene sentido (alguno) ir aumentando el volumen de ítems aleatorios para que estas personas atormentadas tengan que revisar. Uno pensaría que estaríamos reduciendo nuestros volúmenes y asegurándonos de que cada cosa que ofrecemos a nuestros lectores es realmente buena. Pero, como les dije, no tengo problemas con las cantidades... en teoría.

También quiero que quede asentado que soy pro-productividad. Estoy a favor de exprimir hasta el último centavo de hasta el último de los vagos reporteros que tienen suerte de tener un trabajo. Los periodistas y su “pero tenemos que revisar las cosas”, bla, bla. ¿Acaso no se dan cuentas que estamos metidos en una ensalada de problemas? “Estamos en una dura competencia mundial, en la que no podemos andar cargando rehenes ni dejar cosas sin hacer”, le recuerda Robert Thomson a sus empleados en el memo que citamos antes. Una crisis sangrienta, de eso se trata.

Pero vamos a pensar en esto un segundo. Frená. Pensá. Estamos haciendo más con menos, los números no mienten. Hay menos reporteros y editores. Más texto. ¿Cuál es la ganancia? “Culturalmente la ganancia se trata de lo siguiente”, dijo el PEJ en un reporte del 2008:

En los diarios de hoy, las noticias tienden a ser recopiladas más rápido y bajo mayor presión por un equipo de reporteros más pequeño y con menos experiencia; luego pasan más rápido a través de menos y menos experimentados editores para ser publicadas.


La lógica nos dice que tiene que haber algún rédito. Pero, ¿qué? Hmm. Bueno, podemos descartar la calidad. Verán, lectores de CJR, la calidad del reporteo y la redacción de las grandes organizaciones de noticias es mejor que nunca—tan sólo pregúntenle a los gerentes de noticias, como hizo PEJ en el 2008:

A pesar de los recortes de empleos y espacio, en un 54% vs. 32%, una clara mayoría de los editores dice que el alcance de su cobertura informativa ha mejorado significativamente o al menos mejorado. . .en los últimos tres años. Un vasto 94% de los editores dijeron que los diarios eran tan o más precisos que hace tres años. Y un sólido 56% dijo que “la calidad general de su producto informativo ahora es mejor que lo que era antes”.


Rupert Murdoch, citado por Sarah Ellison en su nuevo libro, War at the Wall Street Journal, señaló un mejor argumento cuando comparó su versión de mi viejo periódico a sus encarnaciones anteriores: “Hicimos un mejor diario. Lo lamento, pero es así de sencillo”.

Ah, bueno, el argumento de la calidad es que no todos van a ganar. En realidad no se puede medir la calidad del periodismo, esa es su falla trágica y, tal vez, su gracia redentora. Uno puede mirar a los premios de la circulación, pero el periodismo es más un arte que una ciencia. Es la razón por la que la cantidad siempre va a tener una ventaja sobre la calidad. Pero las comparaciones cualiatitvas, particularmente entre distintas épocas, son básicamente sólo una argumentación. ¿Podrían los campeones Bulls de los 90, con Michael Jordan a la cabeza, haberle ganado a los Celtics de Larry Bird en su mejor momento? (Mal ejemplo; claro que podrían haberle ganado, pero la analogía quedó clara). Lo que para algunos son las páginas de noticias más animadas, a otro le pueden parecer un síndrome de atención deficiente, una incapacidad de seleccionar nada y tratar de publicar todo, todo el tiempo. De todos modos, esta falta de selección es en si misma una elección. Después vamos a ampliar eso.

Pongámoslo de otro modo: dada la limitación de recursos, no todos pondrían a siete (!) empleados a bloguear en vivo la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de invierno, como hizo el Wall Street Journal en febrero:

Comienza la preceremonia, con instrucciones a la audiencia. Como siempre sucede en Canadá, todas las explicaciones se hacen en inglés y en francés.


De nuevo, sólo soy yo. Tal vez no había nada más que reportear esa noche... en todo el mundo.

Sin meterme en si los periódicos son mejores o peores que antes (digamos que son fabulosos; por eso todos los quieren tanto) deberíamos detenernos un segundo y pensar en las implicaciones del hacer-más-con-menos que está barriendo al negocio de la información. Yo lo llamo la Rueda del Hámster.

La Rueda del Hámster no se trata de velocidad; se trata del movimiento por el movimiento en si mismo. La Rueda del Hámster es el volumen sin reflexión. Es el pánico informativo, la falta de disciplina, la incapacidad de decir “no”. Es el texto producido para cumplir arbitrariamente con las medidas de la productividad (Bloomberg!). Es: “La Policía no planea comprar patrullas en el 2011”, (Kokomo Tribune, 7/5/10). Es: “Fin de semana cocinando en casa con Ben Marter” (Politico, 6/28/10): “Sábado en la mañana, tomó parte de los restos de brócoli, cebollas y hongos, le agregó jalapeños, e hizo omelettes para un desayuno vivaz”. Ben Marter es el director de comunicaciones de una legisladora.

La Rueda del Hámster es: el blogueo en vivo de las ceremonias de apertura, haciendo notas que no importan, y son los 55 segundos de video de la construcción de una pantalla de cine: “Las salas de Wallingford suman 3 pantallas (vea el video),” (New Haven Register, 6/1/10). Pero es más que sólo el volumen descerebrado. Es un reajuste del cálculo de la información. De los factores que afectan a la cobertura de noticias. Uno que está subestimado es el cálculo riesgo/recompensa que realizan todos los reporteros profesionales cuando se confrontan a la idea para una nota: ¿Cuánto tiempo versus cuánto impacto? Este sistema informal de filtro es sorprendentemente despiadado y, en último término, eficiente para uno y para todos. Mientras más tiempo se invierta, mayor el riesgo, pero también será mayor el potencial de gloria para el reportero, y mayor el valor para el público (¡no nos olvidemos del público!). ¿Volaste hasta Chicago para hablarle a ese tipo sobre esa cosa? ¿Te leíste todo el informe sobre esa bancarrota? ¿O hiciste tres cosas que son más fáciles?

Los periodistas van a contarles que en una época las redacciones recompensaban a las notas que se investigaban más a fondo, y que ahora los incentivos se inclinan hacia el trabajo que se entrega rápido y genera picos de tráfico web. “Constantemente estás buscando la próxima nota como esa”, dice Zachary Roth, ex repotero de Talking Points Memo (y, previamente, miembro del staff de CJR). “Es menos probable que los posts que uno termina sumariando y redactando sean de investigación”.

Nada de esto está escrito en ninguna parte, pero es real. Por lo tanto, la Rueda del Hámster son todas esas investigaciones que nunca veremos, todo el buen trabajo que se deja sin hacer, todo el servicio público que nunca brindaremos. Se ve como imperativo descartar toda nota que hubiera sido bueno tener, en algún punto, si tuviéramos recursos ilimitados, pero que, dados los presupuestos tan apretados, se la deja pasar sin escribir su párrafo en la historia (o sin que vos lo escribas, por más que miles lo hayan hecho). ¿Cuántos de ustedes se cuestionaron, “Me pregunto por qué en mi sitio no salió aquella nota sobre el senador que hace un llamado al sentido común en el debate para restringir el polvo en el campo?” (AP, 8/9/10). Y ustedes se dicen, “¿por qué no tenerla? Y yo les digo: porque no es gratis. Las palabras menos usadas en el negocio actual del periodismo: “yo paso”.

La Rueda del Hámster es lo que los principales medios están deshaciendo, en tiempo real, y se lo hacen a si mismos. Así que antes que la Rueda empiece a girar completamente fuera de su eje, y que los hámsters salgan volando por todas partes, deberíamos pensar en la Rueda, cuestionar los pilares sobre los que se sostiene, y reconocer un puñado de verdades que surgen de un cansador análisis realizado durante un lapso de tiempo verdaderamente obsceno:

1. La Rueda es real

“Le damos el triple de las cosas que son completamente irrelevantes”, se queja un reportero del Wall Street Journal. Claramente, este llorón está exagerando; pero no tanto. Según un sondeo de CJR a través de la base de datos Factiva, que pertenece a la firma matriz de ese periódico, News Corp., los empleados del Journal hace más o menos una década producían notas a una tasa de 22.000 al año, todas mientras hacían un trabajo heróico, y que creaba valor para los accionistas, como poner de rodillas a toda la industria tabacalera. Este año, los empleados del Journal produjeron casi la misma cantidad de notas (21.000) en los primeros seis meses. El fantasma del hámster comenzó en el 2000, con un salto a 26.000, y la cantidad de notas se ha incrementado en forma más o menos estable desde ese momento, alcanzando 38.000 en el 2008, cayendo un poco el año pasado, y retomando un ritmo récord este año. Y ya que estamos: este conteo no incluye el contenido exclusivo para la web, los blogs, el NewsHub, etc., que producen los mismos empleados, así que las cifras en el siguiente cuadro son modestas.
Mientras tanto, el número de periodistas que producen estas notas ha disminuido. La International Association of Publishers’ Employees Local 1096, que representa a una parte sustancial de las redacciones (aunque probablemente menos que a la mitad, ya que no cuenta a los empleados fuera de Estados Unidos y Canadá, ni a los editores por encima de cierto rango, entre otros) dice que la cantidad de empleados del Journal que ella cubre descendió en un 13 por ciento, desde 323 en el 2000 a 281 en el 2008. (Una portavoz del Wall Street Journal declinó de informar su plantilla laboral. El año pasado, una reestructuración en News Corp. atenuó la distinción entre empleados del WSJ y los empleados del servicio de cables de la empresa). La producción de notas en el mismo período aumentó un 48 por ciento. La disminución de reporteros sindicalizados en ese período puede ser prácticamente extrapolada a la redacción general.

Así que, dado el aumento en la cantidad de notas, la producción saltó un 69 por ciento por empleado de la IAPE (aunque otros, mayormente los reporteros del servicio de cables de Dow Jones, habrían contribuido al total de notas del Journal). Es suficiente para dejar satisfecho al gerente de una fábrica de salchichas. Pero en el negocio de la información, al igual que en el de las salchichas, hay un punto de rendimientos decrecientes, y lo pasamos alrededor del 2002. Esto es física básica: más notas dividido menos empleados, es igual a salchichas más flacas. Con todo respeto, Sr. Murdoch, está equivocado—pero no está solo.

Esto no significa que la Rueda sea absoluta, incluso dentro de las organizaciones. El Journal dejó que sus reporteros profundizaran en su reciente serie de notas sobre la privacidad en internet, y ha sido recompensado con trabajos del calibre del Pullitzer. Claramente, algunos reporteros todavía tienen tiempo para hacer algun llamadito antes de twittear. Y eso nos sugiere la regla número 2.

2. La Rueda no es inevitable

La Internet, sabemos, es el mayor invento desde las golosinas Twinkie. Nos permite publicar en cualquier momento, en todo momento. Pero eso no significa que debamos hacerlo. Dado que el negocio de la información ha perdido aproximadamente 15.000 periodistas desde el 2000, no significa que directamente tengamos que pasar desde “estamos afrontando una transformación seria en nuestra industria” a “escribamos lo más que podamos a la mayor velocidad posible”. No es difícil entender el impulso de querer hacer más con menos. La Hámstermania es una reacción natural a un nuevo paquete de condiciones: un modelo que colapsa, un nuevo paradigma, una cacofonía de voces, menos gente llenando un hueco infinito. Y por encima de las nubes podemos echar un vistazo a un modelo online que equipara al tráfico web con los dólares de la publicidad, por más que, como todos podemos ver, ese vínculo no es para nada claro.

Pero los periódicos no son servicios de cable, y los cables no son blogs. Las organizaciones informativas deben cambiar con los tiempos, pero en ningún lado está escrito en Newsonomics (o cualquier otro libro que suene catedrático y que esté siendo leído como la Torah por los gerentes de noticias en estos días) que las organizaciones de noticias deberían alejarse de los valores centrales, comenzando por el más céntrico de los centrales: la investigación y el reporteo según el interés público. Esto no es sólo “parte del combo”. Se trata de una forma de pensar, una doctrina, un principio organizador alrededor del cual se crean las culturas saludables de la información.

En un reporte de este año, PEJ cita a editores del Milwaukee Journal Sentinel y el Boston Globe, quienes reconocen el problema y rechazan explícitamente el pensamiento del estilo de la Rueda. PEJ cita a Martin Baron, editor del Globe, quien reconoce que es posible que haya menos contenido en el periódico, “pero está sometido a una revisión para que sea excepcional y emprendedor” de un mayor interés y un mayor impacto. Exacto.

Así que reconozcamos a la Rueda por lo que es: una decisión.

3. La Rueda infantiliza a los reporteros, fortalece a las Relaciones Públicas

Esto es sólo lógica. Si a los reporteros les falta tiempo para recopilar, analizar y reflejar la información, luego tendrán menos palanca para confrontar a las instituciones en sus beats (N. de T.: ámbitos de cobertura).

Y no se equivoquen: vivimos en la era del ascenso de las Relaciones Públicas. En su reciente libro, La Muerte y la Vida del Periodismo Americano, Robert W. McChesney y John Nichols estiman que, incluso en los 70s, cuando los periódicos estaban en su apogeo, el porcentaje de noticias generadas de comunicados de prensa era de entre el 40 y el 50 por ciento. Desde ese momento, mientras el periodismo se ha retraído, las RRPP han florecido como un sarpullido. Los autores documentan que para 1980, el ratio de trabajadores de RRPP sobre periodistas era manejable, alrededor de 0,45 especialistas y gerentes de RRPP por cada 100.000 personas, versus una tasa de 0,36 periodistas. En la actualidad, los relacionistas públicos superan por lejos a los periodistas, 0,90 profesionales cada 100.000 personas, versus sólo 0,25 periodistas.

En el artículo de Ken Auletta para New Yorker, ya citado, funcionarios de la Casa Blanca expresaban su decepción con el poco tiempo que tenían los periodistas para conversar con ellos. “Todo es a las apuradas”, escribe Auletta, y luego cita a la Directora de Comunicaciones de la Casa Blanca, Anita Dunn. “Cuando los periodistas te llaman para discutir una nota, no es porque estén interesados en tener una discusión. Están interesados en una respuesta. Y la necesidad de hacer entregas cinco veces al día alienta esta práctica”. También alienta la inclinación hacia las RRPP.

Los profesionales de las RRPP tienen ese tono cargado de poder. Cuando Mark Pittman, el gran reportero de investigación de Bloomberg, pidió por información sobre dónde había ido a parar el dinero del rescate estatal de la aseguradora AIG, esta fue la respuesta:

La portavoz del Tesoro, Brookly McLaughlin, dijo: “La Fed es la que está a cargo de este asunto. No sé cómo puedo ser más clara”.


¿Por qué nos estás molestando acerca de unas pocas docenas de miles de millones de dólares secretos y sin precedentes del gobierno de Estados Unidos?

“Deberías llamar a AIG”, dijo el portavoz de la Fed, Calvin Mitchell. “Dudo que nosotros vayamos a hablar del portfolio de inversiones de riesgo de AIG”.


Seguí adelante, campeón.

Finalmente, Pittman, y Gretchen Morgenson del New York Times unos días antes, revelaron quiénes habían recibido ese dinero del rescate: Goldman Sachs y otros bancos de inversión de Wall Street. Pero Pittman y Morgenson no están en la Rueda. Son los argumentos en contra de la Rueda. Esto nos lleva a la regla 4 del Hámster, o lo que me gusta llamar “La Paradoja de la Rueda”.

4. La Rueda nunca fija la agenda de noticias, sólo responde a las agendas de otros.

La Paradoja de la Rueda es tal que por toda la actividad que genera, vuelve a la organización profundamente pasiva. Mientras mayor es la necesidad de texto, lo más dependientes se vuelven los reporteros de sus fuentes para conseguir primicias o unos lastimosos restos de noticias. En un estudio del 2000 en la revista académica británica Journalism, los investigadores analizaron las noticias sobre una adquisición hostil (N.deT.: cuando una empresa intenta comprar a otra que se resiste) que involucraría una reestructuración masiva en el mercado hotelero y turístico. El análisis demostró que casi todo lo publicado sobre dicho acontecimiento era fruto de campañas contrarias de RRPP destinadas a unos pocos accionistas institucionales, mientras que se ignoraban los intereses de los accionistas individuales, de 80.000 empleados, de millones de clientes y de los contribuyentes británicos (la negociación suponía grandes subsidios impositivos). La prensa había sido, en efecto, “capturada” en una Rueda de Hámster de campañas de prensa. El autor, Aeron Davis, hizo una observación con sentido común: el dominio de las RRPP “trabajaba para bloquear las coberturas desagradables al status-quo, excluía las voces no-corporativas y ayudaba a definir los límites de las ‘redes discursivas de las elites’ corporativas”.

En otras palabras, si las organizaciones de noticias no fijan la agenda, alguien más va a hacerlo.

5. La Rueda no es gratis

El costo es en prosa alfabetizada, en premisas comprobadas, en noticias que no se originan de una institución y en todas las demás cosas maravillosas que construyen credibilidad y valor en el largo plazo. Esto se trata de la distribución de recursos. Si nos retrotraemos a la glaciar, allá por el 2003, Daniel Golden del Wall Street Journal convenció a alguien que le permitiera revisar un documento de 1998 que contenía información académica sensible de la Groton School, una escuela privada de Massachusetts. Descubrió que una tal Margaret Bass, que era una de los nueve alumnos de Groton que querían entrar a la universidad de Stanford ese año, en realidad tenía una calificación SAT (1220) que era considerablemente menor a la de siete de los otros ocho estudiantes de su escuela, quienes desafortunadamente no lograron entrar a Stanford. Golden lo explicó:

Pero la señorita Bass tiene una ventaja: Su padre, el magnate de Texas Robert Bass, era presidente del directorio de Stanford y le había dado 25 millones de dólares a la universidad en 1992. El Señor Bass tiene un título de grado de la Escuela de Negocios de Stanford. Y con su esposa, Anne, son fideicomisarios de Groton.


El director de Groton le dijo a Golden que el documento no era un “registro escolar oficial”. Así que, ¿cómo sabía Golden que era preciso? Llamó a los otros veinte estudiantes cuya información estaba en el documento. La nota fue parte de una serie que ganó un Pulitzer, pero, lo que es más importante, cambió la percepción sobre la discriminación positiva ( N.de T.: una serie de políticas para tener en cuenta factores como raza, religión y sexo y beneficiar a grupos marginados históricamente).

La Rueda no hace este tipo de notas. Vale la pena sñalar que el Pulitzer de Golden no fue a la investigación, sino a la cobertura de su beat (su ámbito noticiable de todos los días).

6. La Rueda paga las cuentas... ¿las paga?

Necesitas clicks, no hay duda. Y sí, tenés que actualizar la página. Y, desde ya, tenés que ir detrás de las noticias. Pero es insuficiente decir que los nuevos modelos financieros del periodismo digital aún no fueron resueltos y que nadie sabe cuáles van a durar. Tengamos en cuenta que la ciencia de medir el tráfico web aún está en su infancia. En mayo, dos firmas que compiten en las mediciones, Nielson NetRatings y comScore, midieron el tráfico de Yahoo y tuvieron una diferencia de 34 millones de lectores, según explica un nuevo estudio de doctorandos de la facultad de periodismo de Columbia.

Transformar los clicks en dólares involucra otra serie de cálculos. “Todos quieren tráfico”, me dijo Lucas Graves, uno de los autores del estudio. “Pero los modos en que se traduce a dólares son muy complejos y pocas veces son directos”. (El artículo de Graves para CJR, basado en ese estudio, está aquí.) La gran esperanza para el futuro de internet, The Huffington Post, todavía sólo logra generar ingresos de 1 dólar por lector al año, según una nota reciente en la Newsweek. No es un detalle menor, pero la fórmula editorial del sitio (que supone la optimización de los motores de búsqueda al exceso) es, al menos, controversial, y las cifras de ingresos todavía son relativamente bajas.

Fihnalmente, los “realistas” de las redacciones, esos que creen que la vida es una guerra lunar por páginas vistas, ya deben estar en su última batalla. En la edición de julio/agosto de CJR, nuestro editor de ciencia, Curtis Brainard, realiza una sólida argumentación de que los dispositivos móviles, con sus aplicaciones y otros programas de suscripción paga, le ofrecen al periodismo su mayor esperanza para hacer dinero en la era digital. Brainard considera que estas estrategias de dispositivos móviles se enfocan en una experiencia noticiosa curada y en el profundo involucramiento del lector, y supondrán toda una nueva serie de mediciones.

El punto es que puede que sea cierto que haya dinero en breves de 63 palabras como “Microondas se prende en fuego y mata a perro” (Washingtonpost.com, 8/9/10), pero eso hay que probarlo. Y nadie lo ha hecho.

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Así que a todos ustedes, editores que despiden a sus mejores redactores, que recompensan los éxitos fugaces y que permiten que se marchiten sus activos de investigación, les digo: van a lamentarlo. Para el resto de nosotros, la conclusión lógica de la Rueda del Hámster es Demand Media, la mayor granja de contenidos propulsada por hámsters, que emplea a 7.000 periodistas freelance, produce 4.500 ítems todos los días, usa algoritmos para decidir qué escribir, ha superado al New York Times en tráfico, y acaba de presentarse para cotizar sus acciones en bolsa. Y publica algunas cosas (“Cómo hacer un palo de Festivus”, “Cómo elegir videos de esclavitud sexual”) que son literalmente increíbles.

Demand Media vive con un “manifesto” de seis puntos que termina con un dictum apropiado: “Jamás descanses”.

Traducción: J.M. Bouthemy


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