La última esperanza



Si ven hasta el final este video donde las madres reclaman por sus hijos en plena dictadura, entenderán el título. Cada vez que el Gobierno usa el tema de los desaparecidos, de los derechos humanos o de los nietos recuperados como bandera política, primero me produce asco y luego un reconocimiento para el periodismo. El que mantuvo el tema desde adentro y desde afuera, y como se pudo, durante los años en que los Kirchner, por ejemplo, empezaban a amasar una pequeñísima fortuna ejecutando deudores en el sur, gracias a la tablita de Martínez de Hoz.

En los años finales de la dictadura, cuando llegué a Buenos Aires, solía ir a la ronda de las madres que era los jueves a eso de las tres de la tarde. Y también algunas marchas que se intensificaron el año de la guerra de Malvinas. Como tengo mucha memoria visual, recuerdo varios rostros de los que andaban siempre mezclados en las manifestaciones y que luego, muchísimos años después, supe quiénes eran. Por ejemplo, me llamaba la atención alguien de barba larga y acompañado por alguna mujer joven. Veinte años después me di cuenta que era Emilio Pérsico, el piquetero que se hizo famoso con Kirchner. También era un habitué el fray Antonio Puigjané, luego detenido por el ataque a La Tablada, o una muchacha paralítica que la llevaban semiacostada en una silla-cama.

Cada vez que los Kirchner usan los derechos humanos para limpiarse algún pecado menor, recuerdo una marcha hacia Casa Rosada que encabezaba Hebe de Bonafini y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y que avanzaba por Avenida de Mayo y 9 de julio. En Piedras, la policía montada cruzó los caballos y metían miedo (o a mí me daban mucho miedo). Sin embargo, las madres y el Nobel insistían con avanzar aunque al fin tuvieron que desviarse por una lateral. En esos desvíos, solía ver, por ejemplo, al que luego supe que era Pérsico. ¿Y por qué recuerdo a Kirchner? Porque para esa misma época, el entonces abogado de Santa Cruz se fotografiaba sin problema con el General Guerrero, que había llegado al sur luego de ser el antecesor de Camps en la provincia de Buenos Aires.

Los Kirchner nunca estuvieron en ninguna manifestación en Buenos Aires y tampoco en Río Gallegos, como ya han contado varias veces los militantes de derechos humanos del sur. Tampoco estuvieron en la marcha de la Multipartidaria, en diciembre de 1982, cuando en la vereda del Cabildo asesinaron a Dalmiro Flores. Ese día, en la plaza estuvieron radicales, peronistas -un patilludo Menem- y Oscar Alendre, del Partido Intransigente. Más tarde, ya con la noche sobre el Cabildo hubo represión y cayó este muchacho que era albañil. Cuando comenzaron los gases y los palazos creo haber corrido hasta la entrada del subte más cercana, en medio de una muchedumbre en busca de refugio. Nadie sabía de la muerte de Flores (me enteré a la mañana siguiente al leer Clarín).

Por eso, cuando veo a este gobierno manosear el tema de los derechos humanos, que descubrieron en 2003, me enorgullece el papel de algunos periodistas. El que ponía el micrófono y el que filmaba a las madres en el video superior, el que dejaba registro de los habeas corpus (como Robert Cox) o los que difundían fuera de la Argentina lo que pasaba. Verdaderos héroes al lado de los miserables, que 30 años después, lucran con el dolor ajeno.

En el año 96, entrevisté al represor Guillermo Suárez Mason. Y una de las cosas que más me llamó la atención era su respeto hacia "sus enemigos", otros miserables como él pero que "iban al frente. Transcribo parte de esa entrevista, que puede leerse completa en esta web:

Suárez Mason valora a quienes lucharon contra él con un respeto asombroso. Es comprensible, unos y otros, necesitan justificarse por la existencia del opuesto. El enemigo es la razón de su vida. A los espectadores los reprueba.

"Sabe cuáles son los peores? Los que cuando las papas quemaban estaban bajo la mesa y ahora son los salvadores de la Patria."

Por eso no le molesta que Gorriarán sea indultado.

"Y me parece que a ellos tampoco les molestó que nos indultaran a nosotros. Nunca les oí decir algo. En cambio, los de afuera armaron flor de escándalo". Mason respeta las autocríticas de "los que estuvieron".

Suárez Mason menospreciaba a los "espectadores" y a los periodistas en general, y va otro párrafo de esa entrevista, donde sólo rescata a Hadad -un amigo de los Kirchner- y al diario La Nación:

Una y otra vez, Suárez Mason explica sin alterarse, pone ejemplos y, a veces, se permite bromear cuando la conversación pasa por la política o el periodismo. En este último rubro sólo rescata a Daniel Hadad (34), "el más benigno con nosotros", asegura.

Cree que las Madres de Plaza de Mayo han perdido autoridad porque "están actuando en la izquierda". En cambio, rescata a las Abuelas de Plaza de Mayo: "Esas suenan menos no? No tienen participación política visible y creo que están haciendo un esfuerzo para recomponer lo que pasó. En buena hora".

El cuestionamiento a la metodología represiva durante el Proceso se debe, según Suárez Mason, a la ignorancia de quienes no conocieron el poder de fuego de un enemigo inasible en los centros urbanos, capaz de mimetizarse en cada una de las esquinas. Y culpa a los voceros de la izquierda repartidos en todos los medios de comunicación de la Argentina. Con algunas excepciones, el ya mencionado Hadad y el diario "La Nación", el único periódico que ingresa bajo la puerta de los Suárez Mason.

Por eso, el video que encabeza este post, debiera ser visto una y otra vez por los periodistas o estudiantes que no vivieron aquella época y aquella dictadura. En la desesperación de esa madre que le dice al periodista "son nuestra última esperanza", hay un múltiple mensaje. Y una enseñanza cruda para quienes estudian o quieren trabajar en los medios de comunicación. Ayer y hoy, antes y ahora, defender a un gobierno no es tarea de periodistas. Y mucho menos de un gobierno que usa los derechos humanos con el mismo cálculo que usa las estadísticas del Indec. Mucho más, cuando sus principales referentes se lavaron las manos cuando las papas quemaban.


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