Kirchner, el diputadito

Esta semana escribí para la revista Noticias una columna sobre la nueva faceta de Néstor Kirchner, ahora en el poder legislativo.

A Néstor Kirchner le esperan peores momentos que el que vivió el día de su debut en el Parlamento, cuando desde su propia bancada asistió rendido a la primera derrota como diputado nacional. Si en 2007 las encuestas indicaban que el entonces presidente podría pelear el puesto del mandatario más exitoso de los últimos 50 años, ahora sacó pasaje al olvido. Kirchner será un legislador intrascendente. Apenas una sombra del acopiador de poder a toda costa que fue desde el mismo momento en que llegó a Casa Rosada.

No es un mal de Kirchner, es un mal argentino. Alfonsín, primero; Menem, después, terminaron sentados en bancas que le quedaban chicas, muy chicas. ¿Quién recuerda a Menem o Alfonsín como senadores?

Ni una interna partidaria, ni los fueros “salvadores” son buenos consejeros. ¿Por qué un ex presidente argentino no puede ser como el chileno Lagos o el uruguayo Sanguinetti? ¿Por qué no se retiran -luego de llegar a lo más alto- para hacer política “a lo grande”? Kirchner, ahora, tal vez pensando que los fueros pueden servirle cuando empiecen a investigarlo, se degradó al ámbito que siempre menospreció.

En pocos meses se comprobará la escasa incidencia del diputado Kirchner. Deberemos acostumbrarnos, si es que va seguido al recinto, a verlo hundido en su butacón, con una mirada casi tierna. Pero no será ternura, sino impotencia.

Gane o pierda su bloque, eso será una anécdota y ocurrirán ambas cosas, asistiremos a un proceso de reducción política notable. Néstor Kirchner pasará de ser el ejecutor que recuperó la institución presidencial a transformarse en un
mero diputadito


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