Asociación libre y el poder de los viajes

En un manual de estilo brasileño, tal vez el de Folha de San Pablo, decía que el periodista debía viajar una vez al año al menos, pero no para cubrir nada en especial. Según ese libro, una semana en otro país, alejado del hábito cotidiano, contribuía al desarrollo profesional del periodista y a fomentarle nuevos recursos creativos. Debe existir algo de eso, aunque cada vez hay menos coberturas con enviados especiales. ¿Y qué tiene que ver la jirafita?

El miércoles llegué a Barcelona para asistir a un seminario que se desarrolló a lo largo del jueves y viernes. En un noviembre fuera de lo común, la temperatura es alta para este mes -20º- y el sol está pleno, la ciudad invita a caminar y a perderse en los recovecos del Barrio Gótico, cruzar la Barceloneta o aparecer en Plaza Cataluña casi sin darse cuenta. En uno de esos giros caí en una librería, con ofertas de todo tipo, pero donde también se vendían algunos otros objetos.

Compré un extraño almanaque -por la forma y por el tamaño-, y de inmediato me vino a la mente los dibujos de Julieta Arroquy (la jirafita es de ella). Julieta siempre trabajó con texto, pero empezó a dibujar hace poco. Dibujar para publicar, digo. Entonces me propuse escribirle ni bien me dejara tiempo el seminario para contarle que, gracias a lo que había visto, me había acordado de sus dibujos y tenía un proyecto para desarrollar ni bien estuviera de vuelta en Buenos Aires. En los últimos dos años, nos habremos visto tres veces. Cuando recibió mi mail me dijo, oh casualidad, que estaba preparando una idea para ver si me interesaba.

¿Me hubiese acordado de Julieta si no veía ese almanaque en la Llibreria del claustre? ¿Se me hubiese ocurrido ese proyecto sin viajar a Barcelona?









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