La ley de medios es viejísima




Los diarios, primero. La radio, después. Más tarde la televisión y ahora internet. Siempre habrá lugar para contar verdades que molesten al poder. Se las puede regular e intervenir, pero a la larga todo se sabe. La ley es vieja y mala porque es la obsesión histórica del poder: que no se hable de ellos. Por eso no será el mayor mérito si este gobierno logra hacer realidad la nueva ley de medios audiovisuales que ayer tuvo media aprobación en Diputados. El mayor mérito del manejo kirchnerista fue dinamitar una generación de buenos periodistas (la generación página/12) y anestesiar a la siguiente.

Hay muchísimos estudiantes de periodismo, e incluso periodistas, que valoran a Kirchner a pesar de su fortuna inexplicable, de su inexistente lucha por los derechos humanos en la época de la dictadura (donde más facturó presionando a inquilinos asfixiados por la tablita de Martínez de Hoz) y de su desprecio permanente por la prensa. Esto y no aquello debería alegrar a Kirchner. Esto y no aquello es más preocupante para el futuro inmediato del periodismo en la Argentina.


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