Actualización de Google Earth

Google Earth acaba de actualizar algunas imágenes. Ni bien me enteré fui a ver si entre ellas estaba Sundblad, un pequeño pueblo a quinientos kilómetros de Buenos Aires, que hasta había quedado fuera de la mirada omnipotente de Google. Ahora está. Entonces pude revisar "desde el aire" todas las casas y están casi todas. Salvo la del Toto Giménez, frente a la cancha de fútbol, donde se ve un terreno baldío. Debe ser una deformación del mapa, porque en Sundblad las casas nunca se demuelen. La actualización de Google Earth me lleva a republicar un post donde hablaba de este pueblo, del cual ahora tienen una imagen acabada: seis cuadras semipobladas en medio de la pampa húmeda. Yo vivía en la estación del ferrocarril. Debajo de la imagen, historias mínimas de Sundblad




Advertencia:
este post contiene detalles intrascendentes, salvo para unas cien personas, la mayoría de las cuales nunca leerá este post. Pese a ser el que más tiempo me llevó redactar en la historia del Bloc: una hora y 18 minutos.


De vez en cuando paso un post de los viejos bloc de papel al bloc digital. Pero no es una práctica constante sino más bien inorgánica. Y los caminos de ese post pueden ser insondables.Anoche soñé que trabajaba en un locutorio. Y mi trabajo era marcar el teléfono con el cual querían comunicarse los clientes. Estaba dentro de una cabina y aparecía cualquier fulano y decía "quiero hablar tal número" y yo se lo marcaba. Y así con cada cliente. Cuando me desperté pensé que era una locura. ¿No era más lógico que cada uno se marcara su propio número? ¿Soñé un trabajo improbable?". Repensé el sueño a media mañana. Y le encontré sentido. En nuestros pueblos de treinta años atrás no había teléfonos. En el mío había uno solo en la delegación municipal. Y había que ir y decir quiero hablar con tal teléfono de Buenos Aires. Entonces la empleada marcaba y decía "hay dos horas de espera" "o cuatro horas". Solían usar la palabra "condicional", pero no me acuerdo cómo encajaba en la frase. Supongamos "La llamada está condicional... pueden ser seis horas". Y entonces uno se iba y volvía a las tantas horas. Me había olvidado de ese sistema arcaico telefónico.

Un rato después de encajar el sueño con mi pasado, me puse a revisar viejos bloc de notas. Y una casualidad ligada a la anterior. Encontré un borrador de quince años atrás donde había una anotación rara. Empieza así: "En mi pueblo, en el vértice noroeste de la provincia de Buenos Aires, éramos 120 habitantes y alrededor de 300 perros". Y tal vez cuando escribí eso ya estaba preocupado por las trampas de la memoria porque a continuación estaban los apellidos de todos los habitantes de mi pueblo. Sí, todos. Y que ahora paso a copiar para dejar registro, los agregados de los apellidos son ocurrencias y recuerdos de ahora, para evitar que los siga perdiendo al no ejercitar la memoria. Todos estos vivían en Sundblad -hoy sólo viven 57-, partido de Rivadavia, en la provincia de Buenos Aires:


Churruca. Los Churruca era tres: Enerina, la madre, el Rober -arquero del pueblo- y el Gordo.


Sobrero. Era del almacén, estaba el viejo Sobrero, Aurora y los hijos Carlitos -hincha de Independiente-, la Nucha y Maque, que fue mi maestra.


Mateucci. Rubén y Chiche, dueños del ramos generales donde se vendía desde Alpargatas a nafta.


Pinassi. Panaderos del pueblo. Tití y la Ñata. Los hijos Cacho y Carlitos. Tenían el único televisor del pueblo. La pelea Clay-Foreman en 1974, la vimos en diferido... Una semana después y la disfrutábamos como si no supiéramos el resultado.Ramírez, Cachito. Vivía seis días a la semana borracho. Una vez, con Rubén Mateucci, el del almacén, entramos a la casa porque hacía días que no lo veíamos, estaba en cama, dormido como un tronco. Cuando logramos despertarlo presentaba un cuadro de delirium tremens, según supe después. Quería que le mataramos las víboras que subían por el marco de la puerta (tenía alucinaciones). Murió ya en este siglo, al costado del camino porque tropezó cuando venía borracho de su trabajo en el campo. Cayó boca abajo en un charco y lo encontraron ahogado en quince centímetros de agua.


Galván. Máximo era el carnicero del pueblo, casado con Herilda. Un verano me contrató para juntar huesos en su campo.


Scott. El negro Scott -pronunciábamos Escote- estaba casado con la polaca. Tenían tres hijas que eran lo mejor del pueblo: Rosalía, la Negra y Yolanda. Muchos años después nació un varón. Vivían en la casa que tenía la cancha de pelota a paleta del pueblo y bar.


Carrasco. Esteban era el camionero del pueblo, tenía un Bedford. Estaba casado con Porota y tenía dos hijas.Giménez. El viejo tenía la casa frente a la cancha de fútbol, e íbamos a su patio a tomar agua de la bomba.


Fritz. Eran varios, todos parientes. El cantinero, el herrero y el molinero. De esa misma familia es mi tocayo periodista.


Martorell. Viejo mallorquín solitario que tenía una huerta espectacular. Murió apretado por una pared mal apuntalada.


Sequeira. Otro viejo que sólo venía los fines de semana porque trabajaba en el campo y no era simpático.


Manteca: Eran cuatro. Pichirica -sobrenombre por su parecido con un cómico gaucho-, su mujer y los dos hijos.


Randa. Viejo mallorquín solitario que vivía en la otra punta del pueblo respecto del anterior.


Payero. Viejo renegado y malhumorado, se llamaba Julio.


Schwindt. Avelino y Marta tenían tres hijos: Raquel, Ester y Pepino, que se mató hace poco.


Ojeda. El petiso tenía el cuerpo de un jockey y vivía con su hermana Carmela.


Suárez. Roberto, casado con la Mary, era el único mecánico del pueblo, hasta que murió.Galarza. Eran cuatro, incluido Omar, que jugaba de arquero en los picados.


Meyer. La vieja Meyer -no me acuerdo el nombre-, Doña Mónica, vivía con sus hijos, Roberto y Osvaldo, el colorado, que como todo colorado jugaba de tres y era puro corazón por el andarivel izquierdo.


Zárate. Lalo, Rosa y Mabel, que se casó con el hijo del panadero.Colareda. Era el policía del pueblo y vivía con su familia en el destacamento policial. Pero terminaron traslandándolo y cerraron ese servicio público porque en Sundblad... ¡no había delitos!


Villapol. Capataz de los galpones del ferrocarril, vivía con su mujer y dos hijas.


Estos eran todos los habitantes del pueblo, con algunos temporales, que se movían según la época de las cosechas. Tan poca cantidad de gente hizo que tuviéramos que tener un reglamento propio para los partidos de fútbol durante los días hábiles, donde los menores de diez años (4) jugábamos de un lado con Cachito Pinassi de arquero, que ya tenía unos quince años. Y del otro jugaban los mayores de 12 años que eran tres. De esa forma equilibrábamos el juego. Las posiciones era más o menos así.Los del equipo rojo dependían de que Tozzini viniera al pueblo -vivía a unos siete kilómetros-, mientras que el equipo negro éramos "urbanos": Pinassi, hijo del panadero; yo, hijo del jefe de estación; Fritz, hijo de la directora de la escuela; Pepino, hijo de Avelino que trabajaba en una estancia y Manteca, hijo del que atendía la cantina del club.


Desde México, Darío Fritz puede corregir los errores en los nombres. Tengo una gran capacidad para recordar rostros y el lugar donde los ví hasta veinte años después, pero otras veces se me confunden las caras y uso reglas nemotécnicas truchas. Me llevó diez minutos recordar el rostro del Petiso Ojeda, que siempre vivía sonriendo. Pero su bigote a lo Clark Gable me recompuso los fragmentos de su cara.¿Cuál fue el objetivo de este post? Entre otras cosas, cuando alguien busque en Google "sundblad pueblo argentina", o algo parecido, aparezcan estos trozos imperfectos de la memoria.


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