Prólogo a un prólogo

Zanoni anticipó la tapa de un libro próximo a aparecer, y me hizo acordar que escribí el prólogo para ese trabajo de Solís y López Masía, el que conocía bien porque fue el primer documental que formateamos para la web. Es un proyecto interesante porque primero salió en la web, luego se convirtió en DVD y, ahora, Planeta lo publica en forma de libro corregido y aumentado. Transcribo la primera parte del primer prólogo que me encargaron en mi vida:

Durante la primera etapa del kirchnerismo -la gestión de Néstor- no había día que no se anunciara una obra pública. El periodismo y la oposición tardó bastante para darse cuenta de que, muchas de esas presentaciones rimbombantes, formaban parte de un proceso que confundía a todos: la misma carretera, por ejemplo, se anunciaba media docena de veces. El truco era sencillo. El equipo comunicacional de Kirchner organizaba un acto para anunciar la decisión de construir el tramo de una ruta, con presencia de intendentes de la zona e incluso del gobernador. Al tiempo, volvía a convocar para el llamado a licitación a los posibles adjudicatarios de la obra, al tiempo para la apertura de los sobres de las ofertas y, por último, invitaba a un nuevo acto celebratorio cuando se adjudicaba la obra. Si los tiempos coincidían, ese tramo de ruta perdido en algún rincón de la Argentina se inauguraba poco antes de las elecciones correspondientes. ¿Y si no estaba terminado o sólo se había colocado la piedra fundamental? También se inauguraba, aunque fuera una "inauguración parcial". La misma obra pública se anunciaba así media docena de veces, con sus consiguientes espacios en la prensa, aunque en ciertas ocasiones ni siquiera se cumpliera con lo previsto en aquel acto inicial.

El año pasado todo eso me quedó más claro cuando dos periodistas me acercaron un documental con un título tentativo "Cinco años de mentiras", con la intención de publicarlo en un DVD que acompañara a algunas de los productos de la editorial donde trabajo. Cristian Solís y Marcelo López Masía traían el fruto de varios meses de trabajo y les quemaba en las manos. Creían que el material periodístico podría perder actualidad o que le ganaran de mano con "las primicias". Les dije que podían quedarse tranquilos en ambos aspectos, la sucesión de Cristina al frente del Poder Ejecutivo mantenía los casos en agenda y, por otro, había pocos medios de comunicación en la Argentina que se animaran a publicar ese material. No es necesario recordar que la mayoría de la prensa actuó con inusitada suavidad ante ambas gestiones de los Kirchner, tendencia que sólo se revirtió luego de la crisis con el campo.

Como desde que trabajo en la versión digital del diario Perfil trato de "pensar en digital" les pregunté a Marcelo y Cristian si ellos creían que se podía vehiculizar su documental vía internet. Ambos estuvieron de acuerdo y allí insistí con la importancia del título. En la web, un buen título asegura una parte fundamental de la audiencia. "¿En esos cinco años de mentiras llegaremos a unas cien mentiras?", le pregunté para hacerme una idea de la producción recolectada en gran parte del país. "Muchísimas más", dijeron entusiasmados. Allí mismo decretamos que el título iba a ser "Las 100 mentiras de los Kirchner" y que lo entregaríamos en capítulos de dos o tres minutos cada día. Fue un éxito. Tuvo más de medio millón de visitantes en la web de Perfil.com y repercusiones en toda la red. Hoy mismo si colocan esa frase en Google, el buscador devuelve 67.000 páginas donde es citado el trabajo de López Masía y Solís, que terminó convertido en este libro que usted está leyendo.



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