Nuevas tecnologías y conciencia de clase en el conflicto del campo


A raíz del conflicto con el campo, se ha empezado a menear como argumento a favor de los productores su inclinación a modernizarse, a ser avanzada tecnológica, casi como en ningún otro sector de la economía. La síntesis de esa posición sería así: Peso de más que le entra al productor, peso que va a modernizar su producción.Esto no es nuevo. Mi primera noción de inversión tecnologica en el campo la tuve hace unos treinta años. Fue cuando pude ver con mis propios ojos lo que se andaba comentado en Roosevelt, Sundblad y zonas aledañas: Juan Simón había comprado un tractor con radio. La primera impresión al escuchar esa versión era decir ''este tipo está loco''. Cómo podría escucharse ''La vida y el canto'' con el ruido tremendo de un Jhon Deere? Cuánto tardaría en romperse los delicados mecanismos de una radio en medio del polvo que se levanta mientras se ara?


Había una fácil forma de constatar si era cierto que el tractor de Simón venía con radio incorporada. Teníamos que esperar que viniera al pueblo el Colorado Meyer, que trabajaba desde hacía años con él. El Osvaldo Meyer jugaba de tres en el equipo del pueblo, y como todo pelirrojo entusiasta sólo podía lucirse como marcador de punta. El colorado MacAllister, lateral de Boca muchos años después o el personaje de ficción Eber Ludueña, son la reencarnación del espíritu áspero del Colorado Meyer.


Cuando un sábado de aquellos, el Colorado volvió al pueblo le preguntamos. Y lo dijo como si fuera lo más natural del mundo: ''Sí, el tractor nuevo trae radio y se escucha lo más bien''. Como no le creíamos, nos invitó a ir al campo donde estaban trabajando, que quedaba cerca del pueblo. ''El lunes vayan y se los muestro''.Y era así nomás. El lunes cuando fuimos con los Pinassi hasta el campo donde estaba trabajando el equipo de Simón, vimos llegar al Colorado sonriente, en un tractor Jhon Deere flamante, verde oscuro. Y nos invitó a subir a la cabina espaciosa del vehículo, en una experiencia inédita. Por lo general, ese espacio era un reducto de grasa y polvo. El Jhon Deere que manejaba el Colorado, en cambio, estaba limpio, tenía varios chirimbolos que medían la temperatura y esas cosas, pero también tenía reloj. Y a un costado del asiento, sobre una de las ventanas laterales estaba el aparato tan comentado.


La famosa radio era un armatoste de metal, con dos o tres perillas negras inmensas y cero calidad en el diseño. Pero se escuchaba!Ya en plan de humillación, el Colorado empezó a mover el dial, y como en esa época ninguno de nosotros sabía qué era la FM, el sonido era casi perfecto con el tractor detenido. En marcha, chillaba un poco porque había que poner el volumen al mango. Mientras giraba el dial, el Colorado se reía. Podía escucharse ''Correo radial'', el programa top de LU11, la radio de Trenque Lauquen, donde uno mandaba una carta pidiendo una canción para alguien y a los pocos días se la pasaban: ''Ester, de 30 de Agosto, le dedica a Ricardo, de Estancia La Anita, la canción de Franco Simone...''.


Pero también podía captarse Radio Rivadavia, donde a las siete empezaba la Oral Deportiva con José María Muñoz.A primera vista, tener radio en un tractor parecía -al decir de Feinmann-, una pelotudez. Un exceso ostentoso -diría Cristina- de esos pretéritos piqueteros de la abundancia.Treinta años después, puede valorarse con otras reglas aquellas decisión de ponerle radio al tractor de Juan Simón. Cualquiera de los dos, el patrón o el peón, tienen en claro hoy para qué lado patear en la disputa con el Gobierno. Al Colorado Meyer no le hablen de conciencia de clase o de la nostalgia setentista. Él, en los setenta, ya escuchaba a Julio Iglesias arriba del tractor. Y, gracias a eso y a otras cosas, tiene muy claro quién es quién en esta historia.


Sobre el Colorado Meyer ver también este post sobre Sundblad.




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