Asociación libre gracias a una fotografía


Esta foto salió hoy en ADN Cultura de La Nación. La saqué yo cuando entrevisté a María Julia Alsogaray. La fotógrafa fue Rosana, de quien ya he hablado en el Bloc. Y es la que está en postura desafiante detrás de María Julia. Schoijett ha hecho toda una serie basada en este recurso, fotografiarse con "el famoso" que fue a retratar.Cuando Rosana me envió un mail para avisarme que había esta foto en La Nación me puse a recordar todo lo que había olvidado sobre mi relación con la fotografía.A los quince años tuve mi primera cámara fotográfica, una Yashica MG-1, que mi padre accedió a comprarme en un esfuerzo considerable para su bolsillo. Viajé a Buenos Aires a buscarla, y saqué más de mil fotos cuando había que pagar rollo y revelado. Tres años después, un amigo la dejó olvidada en San Juan. Al año me compré con mi primer sueldo -me llevó casi todo el sueldo-una Asahi Pentax réflex. Y en el 2001, con gran visión de futuro, compré una Cannon que hace años que no uso. Ahora, tengo una Concord que pagué 200 dólares en Santiago de Chile (era la marca más barata que había en el lugar donde entramos a comprar).Siempre me gustó la fotografía. En mi adolescencia hice un curso por correspondencia en una escuela que no me acuerdo cómo se llamaba, pero estoy seguro que quedaba en la calle Boyacá. El curso era superelemental, pero iba entusiasmadísimo cada quince días hasta la estafeta de mi pueblo para ver si había llegado el sobre color manila. Cada lección, un cuadernillo de 20 páginas en blanco y negro, traía tres hojas con preguntas para responder y que había que devolver a vuelta de correo. Allí aprendí cuatro o cinco nociones básicas:Puntos fuertes en la composición, profundidad de campo, sensibilidad de películas, etc.Cuando llegué a Buenos Aires, hice un curso en el Fotoclub de Buenos Aires. Y creo que fue en ese lugar donde me di cuenta de que era muy malo para tomar fotos. Lo bueno de ese curso es que el fotoclub tenía unos laboratorios para revelar y ampliar las fotografías que daban gusto. Pese al desencanto inicial por comprobar mis limitaciones artísticas, esos cursos a los ponchazos de fotografías se integraron muy bien a mi trabajo de periodista y luego de editor. En las revistas, las fotos tiene que tener una presencia y originalidad mayor que en los diarios. Y por eso deben pensarse antes de salir de la redacción. No es lo habitual, pero sí es imprescindible para la calidad periodística. Una vez, cuando Juan Carlos Blumberg comenzaba a quedarse solo, e iba menos gente a sus marchas, el periodista Gonzalo Sánchez y Rosana Schoijett iban a entrevistarlo. El día estaba lluvioso. Les pedí que llevaran un paraguas y fueran a hacer las fotos a Puerto Madero, donde corren las vías del tren que muere por ahí. "Sería muy bueno tener a un Blumberg bajo la lluvia, caminando por la vía". Al rato volvieron riendo. Tenían a un Blumberg desolado, tapándose de la lluvia en el medio de la vía. De frente, de costado, de espaldas. La foto de espaldas, donde a Blumberg igual se lo reconocía sin problemas, estuvo a punto de ser tapa. La mató otro tema. Pero todos comprobamos que ni la lluvia, ni el mal tiempo, ni la falta de escenografía pueden afectar a una buena fotógrafa, convencida de su trabajo.Sé que hay varios servicios gratuitos para alojar fotos, pero cada vez estoy más convencido de que debo tener una cuenta Flickr Pro. Cuesta 25 dólares por año, pero tendría que valer la pena, ¿no?


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