Un robo en vivo

Este mail me lo envió un lector del Bloc, un robo contado en directo, ocurrido hace un rato:Son las 21.15 horas del martes a la noche.

Estoy en un locutorio de internet. Nos acaban de asaltar. Escuché voces que venían de la puerta, no gritos, no te muevas, dame la plata, tarjetas celulares, todo, dame la plata porque te meto un tiro, celulares, tarjetas, todo, dame la plata y no te va a pasar nada. No eran gritos. Había urgencia en las voces, pero no desesperación. Eran dos chorros, al menos por la voz, los que entraron. Sexo masculino y jóvenes. Había dos empleados, un muchacho como principal y una chica que lo acompañaba. Los clientes éramos seis. Duró menos de cinco minutos. Estamos en la calle Billinghurst al 1400, a media cuadra. Es la Comisaría 21. Cerca de Avenida Santa Fe al 3000. La semana pasada se publicó que en esta zona anda una bandita de pibes chorros que robaban comercios. El comisario de la 21 dijo a la prensa que no hay tal bandita, que si la hubiera ya la habrían desbaratado. No vi a estos chorros a la cara. Desde mi lugar, me tapaban unos parantes que separan las computadoras. Entrá ahí, entrá ahí, ahora recuerdo que eso fue lo último que escuché. Le hablaban al empleado. Pensé cuánta guita me iba a costar a mí. Pensé y bueno, cómo no me iba a tocar, le toca a cualquiera en el hundimiento de la Argentina que vienen causando los políticos actuales. Cuánta plata tengo encima, pensé. Serán unos doscientos pesos, pensé, hace unos días que fui al cajero automático, pensé. Metí la mano en el bolsillo del pantalón, saqué toda la plata que tenía, un billete de cien y dos de cinco pesos. Con la inflación que causan los políticos gasté más de lo que creía. Puse la plata junto a mi teclado, con el billete de cien arriba, para que se la lleven y no me hagan nada. Es lo más inteligente, pensé. Un boludo trataría de esconder la plata. Bajé la cabeza un poco, ningún movimiento sospechoso, para no mirarlos a la cara cuando vinieran mesa por mesa a sacarnos la plata a todos. Había silencio. Un muchacho que era cliente dijo señora sientesé en tono protector. Se habrán ido, pensé. No me roban a mí. Sólo robaron al locutorio. Pasaron unos minutos más. Los dos empleados estaban adentro de una oficinita o cuartito al lado de la caja. Los chorros los hicieron entrar ahí y se fueron. La señora se mandó hasta la puerta, vio que no había nadie, avisó a los empleados, pagó y se fue. El asalto duró menos de cinco minutos. Diez minutos después, escucho la voz del empleado hablando por el celular con el dueño, me robaron. Ahora pasaron otros cinco minutos. Escucho otra vez la voz del empleado. Explica que aparte de él, le robaron a una señora y a una chica. Pienso que habrán estado sentadas en las computadoras al lado de la puerta. Yo estoy al fondo, no veía a los chorros. Pensé que me roben pero no me maten. Soy Alberto Paglilla, mi sitio es www.epoca.com.ar sobre la necesidad de profundos cambios políticos en la Argentina, lo que denomino la Reforma Democrática, en virtud de la cual he fundado una nueva línea interna dentro del Partido Justicialista denominada precisamente así y que pretende desplazar a todos los polìticos corruptos e inoperantes de la actualidad, vivo en la ciudad de Buenos Aires, y hoy es martes 02 de octubre del 2007, a las 21.40 horas.


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