Peicovich: el viejo que adelanta

Dos viernes atrás, luego de un asado, y mientras las mujeres hablaban cosas de mujeres, le mostré a Esteban Peicovich cómo sacar una cuenta en Twitter. Peicovich es un alumno aplicado. Pela los anteojos de leer, manotea una libretita para anotar datos clave y pregunta, pregunta y pregunta. Anuncié en Twitter que Peicovich estaba haciendo sus primeros palotes y Betas saltó curioso. En media hora, Esteban comprendió que algo grueso había detrás del pajarito y tiró su primera botella al mar. Dos días después, Tuitiar empezó a juntar a twitteros argentinos. Y Peicovich empezó a llamar para ver cómo se agregaba. Desde entonces hace sus apariciones tuiteras y hasta le cuenta a su madre nacida en 1910 que anda jugando con Twitter.

Pausa. Así como el viejo Peicovich adelanta, tengo un montón de menores que atrasan. No entendían twitter, odiaban a twitter y se enfurecían con quienes tuitiaban. Hubo que explicarles más que a Peicovich para que sacaran una cuenta. Y pasará tiempo hasta que le encuentren algo bueno.

Ahora, el viejo vuelve a adelantar y es el primer periodista de un medio nacional que se ocupa de Twitter, y de entenderlo. Así comienza su artículo del suplemento Enfoques de La Nación:

"¿Tuitiar o no tuitiar? Sobraban chiches y parió la abuela digital. Un bebe hipnótico. El micro blog. Texto de 140 caracteres (20 palabras) que como anzuelo o red se mueve por Internet buscando hacer pie. No nació porque sí. El hombre se la pasa inventando salidas de emergencia. O en el espacio. O en el tiempo. La vida paralela que propuso Second Life no oculta su fin. (Dado que no me banco me armo un avatar que cumpla mi sueño y abandono esta cáscara reumática que no puede sostener la pregunta de Hamlet.) El twitter es cuaderno de bitácora diario que registra el anclaje del yo en su ahora y en su donde. Sólo se debe responder a una pregunta madre: ¿Qué es lo que hace usted ahora? De allí en más, síntesis. Por dar ejemplos públicos "Tratar de zafar" (Miceli), "Poniéndome alcanfor" (Menem), "Urdiendo afiches de mala leche" (cualquiera de los Fdez). Aunque la tendencia de este pío pío digital es otra. Buscar al otro, compartir el agreste paisaje natal y darse aliento, apoyo, pasarse una curita o regalarse una manzana. El pío pío (twit) es hipnótico como polen para abeja. Una pulga que va de PC en PC, que unos acogen y otros ven pasar sin darle la hora. Crocante fenómeno mundial la comunidad tuitera argentina ya tiene 300 navegantes

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