La dignidad de Joaquín Morales Solá

Hace unos días, varios colegas me llamaron o me escribieron para comentar con fastidio la "entrevista encubierta" que Joaquín Morales Solá tuvo con Cristina Kirchner. Es cierto que esa actitud faldera (acudir a una cita periodística a "pedido" de una habitual negadora de entrevistas) no es propiedad exclusiva de Morales Solá. También lo hace Eduardo van der Kooy, al parecer cristinista de la última hora. En la primera mitad de la gestión de Kirchner muchas veces los panoramas dominicales de ambos tenían párrafos calcados. ¿Por qué? Porque sólo los atendía Alberto Fernández, y el jefe de Gabinete solía remarcar demasiado algunas cuestiones que el Gobierno quería destacar en los diarios del domingo. Y ambos columnistas del domingo, también suelen tener "entrevistas encubiertas" con Kirchner, que suelen comenzar siempre con un guiño al lector bastante evidente. Por ejemplo: "La Casa Rosada está semivacía, por el feriado. El Presidente busca unos papeles en un cajón. Está sin corbata...".

Pese a todo, Morales Solá siempre mantuvo una actitud más digna que su competidor. En octubre del 2003, cuando ya se hablaba de los aprietes a la prensa, el columnista de La Nación no los minimizó, e incluso actuó ante el Gobierno cuando quiso tomar represalias contra un cronista del diario. Van der Kooy, en cambio, siempre equiparó al gobierno de Kirchner con cualquier otro en el trato con la prensa y defendió esa política en los medios.

Ahora, en el artículo de hoy de Morales Solá también puede apreciarse el coraje y la dignidad del columnista, que deja su posición sentada frente al juicio que se inicia el viernes contra Elisa Carrió, por parte de un empresario amigo del kirchnerismo. Quieren meter presa a Carrió, la primera política que habló, por ejemplo, del valijero Uberti como recaudador para el presidente en el 2003. Los últimos párrafos de Joaquín enojarán mucho al Gobierno y alegra a quienes creemos que Morales Solá es mucho más digno que otros:

¿Elecciones presidenciales sin Carrió? ¿Podría ser eyectada de la carrera electoral sólo por haber hablado en su momento? Si se concretara esa posibilidad, significaría un daño enorme para la credibilidad del sistema democrático.

Quizá sólo quieran ponerla presa, como lo expuso el ministro De Vido en el comienzo de todo. ¿Para callarla? Si fuera así, es oportuno recordar que el intento resultará fatalmente inútil, porque el periodismo independiente está dispuesto a hacer cola frente a la cárcel de Carrió para llevar sus palabras al aire libre.


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