La verdadera historia del blog trucho de Cristina Kirchner

El 5 de junio me levanté a las seis de la mañana, y como estaba de vacaciones, me puse a leer blogs antes que los diarios. Y me enteré que en El País de España estrenaban plataforma para que los usuarios crearan sus bitácoras. Me había levantado temprano porque -como suele ocurrir- me atraso con mis cursos de periodismo político online, y necesitaba preparar material. Pero entre aquella novedad y mi necesidad de poner al día el curso, se me ocurrió que una manera de mostrarle a mis alumnos el punto diez:

Semana 10. La revolución weblog: Los blogs como fuentes y productores de la información política. El caso Noblat en Brasil. La experiencia española. La influencia actual y futura de los blogs.

En menos de media hora, armé un blog como si fuera de Cristina Kirchner, pero dejé varias pautas para demostrar que era una ficción. Le puse de título "Reina Cristina" (algo que ella no haría jamás), y en cada post que hice esa mañana, derroché críticas al periodismo argentino. Usé las fotos de la Presidencia de la Nación -Cristina siempre lleva fotógrafos a sus giras que pagamos todos- y -por si no quedaba claro que el blog era un ensayo bloguístico le puse sólo tres links en el blogroll: mis blogs, uno de ellos, el Bloc.

Habré tardado media hora, porque a las 6.35 Pablo me mandó un correo anunciando la posiblidad de crear blogs que inauguraba El País, le respondí de inmediato: "fijate esto" y lo envié a Reina Cristina, que ya estaba funcionando. A esa hora, hice el anuncio en el Bloc en muy pocas líneas.Al mediodía, cuando volví a mirar, el sitio desbordaba de comentarios. ¿Qué había pasado? La Nación.com lo había descubierto y lo destacaba como una ironía. Después vino un aluvión de citas, menciones y teorías sobre el blog de Cristina. Y mucho más cuando el 7 de junio, Día del Periodista en la Argentina, aparecían los Kirchner abrazando al perro de la familia mientras la "dueña" del blog decía: "Cuanto más conozco a la prensa, más quiero a mi perro". Salvo Vanina de La Propaladora y Javier, que dejó un comentario en La Nación, nadie me preguntó si yo había hecho ese blog. Matías me envió un mail desde Nueva York preocupado por el nivel internético del periodismo argentino y Carola, una alumna de Formosa, se reía de las confusiones.


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