Y dale con el subte.

Esta mañana moderé la mayoría de estos comentarios mientras esperaba el subte. Tengo una Palm con wifi, comprada un año atrás. Lo curioso es que la mayoría de las opiniones es típica de cabezas huecas, cuyo mayor exponente es el amigo Guillermo que posteó su opinión. Una molestia más sensata parece la de Rosa, quien se queja que en Europa no se consigue. ¿Por qué quejarse cuando dan algo aunque haya otras carencias? Peor es nada.

Es cierto que no todos tienen agendas con conexión inalámbrica, y que las laptos son difíciles de abrir en un coche atestado, pero acá nunca se dijo eso. Mirá tus correos antes de subir al subte -la mala frecuencia de Metrovías te puede llegar a dar hasta siete minutos para hacerlo-, y si no te gusta, no lo hagas. En un trayecto de ocho estaciones me leí los títulos de Clarín, La Nación y Perfil. Y los chismes del DsD. Y visité el blog parrillero, para ver cuántas visitas le había derivado el Bloc en su primer día.

Quejarse porque se descubrió una píldora para hacer crecer el pelo, aunque uno no sea pelado y aunque haya otras prioridades postergadas-, no suena inteligente. Recuerdo, hace unos años, una compañera de trabajo que se alarmaba por la difusión de los primeros tamagochis. Creía que era la peste para sus hijos. "En cinco meses se olvidan", le digo. Creo que el furor de los tamagochis fue de tres meses. Yo tuve uno. Y acá estoy, siempre escribiendo de cosas profundas...
Si quieren castigar el mal servicio del subte les doy una idea. Compren tarjetas de un viaje. No las de 2, 5 o 10 pasajes. ¿Para qué hacerle ahorrar costos a alguien que da tan mal servicio? Salvo, claro, que descuenten un pasaje por cada diez que compres, como ocurre en otros lugares. Pero en Buenos Aires eso no existe. Comprá pasajes de a uno (así gastan más) y usá la wifi.


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