La Nación se puso loca con la cobertura del asesinato de Nora Dalmasso y sus derivaciones.Si La Nación se hubiera ocupado del crimen de su accionista Luis Emilio Mitre en una proporción menor -digamos el 20% de espacio que le dedicó al caso Norita- tal vez ya se hubiera descubierto quién mató al que fuera amante de Ener. Pareciera que para el diario de los Mitre sigue siendo más importante disfrazar la homosexualidad de un descendiente del general Bartolomé o el sensual libertinaje de una señora (tal vez lectora de La Nación), que el esclarecimiento de sus crímenes. Para la impunidad, nada mejor que el silencio.
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