Pueblo a pueblo.

Hay cosas que sólo Clarín puede hacer bien, y una de ésas es Argentina, pueblo a pueblo, que promete registrar los caseríos más insignificantes del país (vean su blog). Y, con el segundo tomo en la calle, puedo dar fe. En página 259 hay una oración sobre Santa Inés ("nació con la estación ferroviaria en agosto de 1904 y su desarrollo estuvo relacionado con las actividades agropecuarias"). Poco pero suficiente para un pueblo donde vivían sólo tres familias al principios de los setenta. El jefe de Estación, Mario Garrido, y su familia; la directora de la escuela, la Coca Díaz, y su familia. Y los Gallo. En total éramos 12 personas.A un kilómetro de la estación de ferrocarril, perdida en medio del campo, estaba la iglesia de Santa Inés. Según La Nación -donde salió publicada esta foto-, algunos vecinos de la zona intentan recuperar "la capilla". Ahora se la ve limpia. En los setenta, los pocos santos que quedaban estaban cubiertos de polvo y bosta de palomas. Y había algunos cuadros y elementos para dar misa. Cuando a mi madre le preguntábamos por qué no nos llevábamos algo para casa, antes de que se afanaran todo, nos asustaba: Si tocan algo, Dios los va a castigar. Debe haber castigado a muchos, porque la iglesia está pelada. Ni la cruz le dejaron.

Gracias, Martín.


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