Un coletazo del caso Mitre

La semana pasada había preparado una columna sobre Ener para el diario Perfil. La escribí antes de que me dieran la medida, por lo que decidí cortarle el principio. Varios párrafos donde no hablaba de Ener, sino del crimen de Luis Emilio Mitre. De otras dudas. Hoy me llegó un mail que va en sintonía con esas sospechas que me quedaron tras leer las primeras noticias del caso. Un allegado a la familia Mitre me tira algunos datos para investigar. Por eso recordé el fragmento que no publiqué la semana pasada. Menos mal que no lo tiré:

A la semana siguiente de que el diario Perfil publicara el reportaje a María Elisa Mitre, en la revista Noticias discutíamos cómo seguir con el tema, descuidado por la mayoría de los grandes medios nacionales. En cualquier país, el asesinato de un accionista del diario elegido como “enemigo” por el Presidente de la Nación hubiese sido un caso apasionante para investigar. Acá parece al revés.

En aquella reunión, comenté que lo único que me llamaba la atención era una frase de la hermana cuando relataba el violento instante en que vio el cadáver de Luis Emilio y, al recordarlo ante el periodista, su primera frase fue “estaba vestido”. En La Nación, en la escueta y tardía crónica de la muerte de su accionista también destacaba lo mismo: “descubrieron a la víctima atada en el cuarto de servicio, vestida con sus ropas y sin zapatos”.

Supongo que cuando alguien encuentra asesinado a un ser querido o a un familiar –a veces no es lo mismo-, puede resaltar “estaba ensangrentado” o “tenía una bolsa en la cabeza”, pero jamás destacaría, por ejemplo, “tenía la ropa interior puesta” o “ese día no se había afeitado”, son detalles menores a la hora de encontrar a un familiar muerto. Salvo, claro está, para los investigadores. Estaba pensando en llamar a un forense para preguntar si era posible vestir a un muerto pese a la rigidez cadavérica, cuando apareció Ener al teléfono.

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