Llámame Ale

A cualquiera le puede pasar, pero es un error repetido. Acaba de llegarme la tarjeta para el encuentro de fin de año en el Banco Nación. Me llegó porque el sobre estaba a mi nombre, pero la tarjeta no. Me costará mucho hacerles creer a quienes custodien el ingreso que me llamo Alejandra. No es la primera vez que me confunden con esta periodista de Clarín que fuma pipa.


Hará dos años sonó el celular y era el ministro del Interior: "Hola, habla Aníbal Fernández". Me sorprendió porque Fernández sólo me recibió una vez y cuando era ministro de Duhalde, no de Kirchner. "¿Qué tal? ¿qué necesita?". Ahí se dio cuenta de que algo no funcionaba: "Quiero hablar con Alejandra Gallo". Le expliqué que no era Alejandra, y cortó pidiendo disculpas y echándole la culpa a la agenda. Ahora, la confusión resultó por escrito de parte del Banco Nación.


Ya estoy acostumbrado a que me confundan con Daniel Gallo, periodista de La Nación. Y ya me acostumbré a que la Universidad Católica me envíe su newsletter a nombre de "Nicolás Gallo", como si fuera tocayo del ex ministro de Fernando De la Rúa. Pero resulta demasiado fuerte abrir un sobre y que te llamen "Alejandra".En todo caso, no me llames Alejandra, llámame Ale.


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