El periodista que vino del frío

Dos meses atrás recomendaba leer a Esteban Peicovich. La semana pasada llegó su mail. Viejo periodista, poeta siempre joven, Esteban es palabrista hasta en sus correos electrónicos. Veánlo:

Hacía yo la plancha por el mar de google y arribé a tu playa blog.

Y pasó que fui recibido con palabras que alimentan y hacen bien.

Lo cual agradezco.En España la tribu dice “colega, y a pesar de eso, amigo”Pues te has pasaooo.

Me gustará concelebrar un café cuando se de.

(y regalarte dos libros)

Dejo señas:teléfono.

Y llave casa web:www.palabristas.com.ar

Hay blog, pero lo tengo en la gatera

(todavía no desculé su hormiga)

El viernes pasado nos encontramos en Ouro Preto, un café que queda a dos cuadras del Obelisco. Y trajo los libros prometidos: "Poemas plagiados" y "Gente bastante inquieta", una recopilación de sus entrevistas. Muchas veces me pregunté por qué algunos llegan, y otros no.

Peicovich trabajó en prensa gráfica, radio y tevé. A los 41 años se fue a Madrid como Corresponsal de Atlántida y recorrió medio mundo sin saber manejar. Volvió a la Argentina con la democracia -se había ido en el '73-, y sigue trabajando. En su columna dominical en La Nación, en una novela y en la posible vuelta de su programa radial levantado por Carlos Ulanovsky de la radio de la ciudad. En otra radio, claro.

¿Por qué algunos llegan a hacer lo que quieren y otros nunca terminan de llegar? Peicovich dice que entró al periodismo para huir del frigorífico que le congelaba el alma y le prometía reventar el corazón de frío, como a su padre.

Ahora, Esteban tiene setenta y cinco años. ¿Saben qué está haciendo Peicovich? Quiere entender cómo funciona un blog. Tiene el suyo, pero aún no lo "desculó". Me pidió consejos para colocar un contador. Y quiere saber cómo asociarse a 3.0. Le encantó la idea de hacer su programa de radio por Internet, pero no conoce a alguien que sepa decirle cómo hacer. Enseguida aparecerán, le dije.

¿Por qué algunos llegan a hacer lo que quieren? Peicovich, quien huyó de los frigoríficos, tiene parte de la respuesta. Basta compararlo con periodistas que podrían ser sus nietos y se mueren de frío bien calefaccionados.




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