Granovsky, o el periodista ubicuo.

Ayer, mientras miraba con un solo ojo la conferencia entre Kirchner y Chávez en Venezuela, vi en la segunda fila a Martín Granovsky, ex subdirector de Página/12 y actual director de Télam, la agencia oficial de noticias (cuyo portal no acepta firefox). Se supone que estaba allí en carácter de funcionario, porque los despachos de la agencia los firma una enviada especial (¿qué presupuesto tiene la agencia Télam?).

Pero cada vez que veo a Granovsky no puedo evitar recordar cómo empecé a seguirle el rastro periodístico. Su último desliz fue poner la agencia Télam al servicio de la operación sucia contra Enrique Olivera, candidato del ARI. Fue lo último, pero no lo único.

A fines de 1994, ingresé a la revista Noticias, y al año siguiente firmé mi primera nota de tapa: Cómo vivía el ex represor Astiz. Era una nota que había propuesto, había investigado y firmado, a raíz de que el marino buscaba su ascenso. Luego de ese artículo, Astiz tuvo varios incidentes en la calle y su ascenso quedó en la nada. Un año después, en un libro que Granovsky escribió sobre la dictadura o el juicio a los represores, en las páginas finales había una mención a aquella nota. Decía algo así: "Mientras tanto, Alfredo Astiz, se blanquea desde una nota de tapa de la revista Noticias". A partir de allí, y a raíz de esas líneas escritas desde el establishment periodístico de ese momento (Página/12 era el medio más crítico y Granovsky un periodista respetado), empecé a descreer de sus afirmaciones. O era muy improvisado o podía decir lo que quería porque nadie le salía al cruce. En Noticias nadie reparó en ese párrafo, sólo mi orgullo de primera tapa, y nada menos que "operada" por Astiz.

En marzo de 1999, fui enviado a Catamarca a cubrir la elección entre Ramón Saadi y Oscar Castillo, apoyado por la Alianza. La noche del triunfo de Castillo, llegaron para festejar Fernando de la Rúa y "Chacho" Álvarez, candidatos a presi y vice de la Alianza. Allí ví por primera vez en persona a Martín Granovsky. Los periodistas y los curiosos nos apretujábamos alrededor de una combi que iría de la gobernación a la sede partidaria con De la Rúa y Álvarez como invitados de lujo. Esperábamos que en la vereda, y antes de subir al móvil, la pareja aliancista dijera unas palabras. Pero no. Subieron a las corridas a la combi, y los fotógrafos comenzaron su trabajo. Entonces lo vi. Mientras el chofer intentaba alejarse de los periodistas y curiosos, sentado entre De la Rúa y Álvarez, medio apretado entre ambos, iba Martín Granovsky casi sonriente, con block en mano. Sin duda, el periodista mejor ubicado de ese momento. Su crónica publicada al día siguiente lo reafirma.

Más tarde, cuando la Alianza ya era gobierno, Granovsky bajó una columna contraria a la gestión de Rodríguez Giavarini en la cancillería -había llegado a salir en la versión digital de Página/12, no en la de papel-, a cambio de una primicia: el alejamiento del embajador Juan Carlos Kreckler en Austria. Granovsky pidió en una columna que Giavarini retirara al embajador. ¡Y lo logró! Eso es tener buena ubicación.Este año, Granovsky llegó a la dirección de Télam, y definió a Kirchner "como su amigo". Ya se destacó en el bloc: su llegada a la agencia oficial se conocía el mismo día que moría Julio Nudler, censurado en Página/12 por denunciar corrupción en este gobierno.
Y ayer, una vez más, como siempre, Martín estaba bien ubicado en la segunda fila del encuentro Kirchner-Chávez, en su flamante papel de funcionario. Cuando era periodista, Granovsky solía decir: "La función del periodismo es incomodar al poder". En eso, sólo en eso, coincidimos.


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