Clínica de ojos complotadora

A las diez menos cuarto fui a controlarme el posoperatorio a la clínica de Barrio Norte, sólo había una persona en el hall de entrada. Era Claudio Escribano, subdirector de La Nación. Su diario y la revista Noticias son los medios más odiados por el gobierno de Kirchner. Si hubiese pasado por allí el jefe de Gabinete Alberto Fernández hubiese podido denunciar mañana un complot periodístico.
A Escribano lo conocí hace unos meses, cuando lo entrevisté durante tres horas para un artículo de tapa de Noticias. En ese momento, Kirchner lo había atacado en sus discursos y en La Nación pretendían que de una vez por todas se jubile. Al verlo ahora, como la primera vez, me dio la sensación de que el viejo zorro Escribano, como un viejo político, solo abandonará su lugar "en el partido" cuando se muera. Para los periodistas que lo "sufren" -le tienen un temor de otra época- y para los funcionarios que lo quisieran ver cuidando rosas, no hay peor noticia: Escribano está perfecto, sólo fue a hacerse un control de rigor (justo él).


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