Recomendado del mes: Peicovich

Razones profesionales: el espacio dominical de Esteban Peicovich es, tal vez, la mejor literatura periodística (sic) que se escriba hoy en la Argentina. ¿Cómo decir mucho en poco espacio? ¿Cómo ser ácido y elegante? ¿Cómo ser entretenido y profundo? Todas esas respuestas se encuentran en su resumen semanal del suplemento enfoques de La Nación. Vean que no se necesita escribir adverbios terminados en "mente" cuando se sabe cómo presentar ideas:
El resumen de lo aparecido en la prensa durante la semana que analiza es imperdible. Para ver artículos anteriores, pueden visitar los palabristas, donde Peicovich muestra sus obsesiones.

Razones personales: Todo lo anterior, hay que desprenderlo de cuestiones sentimentales. Soy periodista, en parte, por leer desde chiquito a Peicovich.

¿Por qué uno elige su vocación y no al revés? En mi caso lo tengo claro. En mi pueblo no había televisión, ni llegaban los diarios. Sólo las revistas que a mi padre le traían una vez por semana de la ciudad más cercana. En los setenta eran Gente, Siete Días, Radiolandia, El Gráfico y algún Nocturno. En Gente como en Siete Días era común ver a sus periodistas viajar por el mundo. Peicovich trepado al transiberiano, Roberto Vacca en Cuba, Germán Sopeña en alguna aldea africana y Héctor D'Amico en algún pueblo de los Estados Unidos. ¡Trabajar de eso y que encima te paguen! Lo más tentador eran los viajes, pensando desde en un pueblo donde nadie tomaba vacaciones, donde no se viajaba, salvo por enfermedad. Quince años después de aquellas especulaciones, entré a la revista Noticias que por entonces dirigía Héctor D'Amico, uno de aquellos viajeros de la profesión.
En una noche de invierno de 1982, año que llegué a Buenos Aires desde mi pueblo, caminaba por avenida Callao y vi el pelo inconfundible de Peicovich -usaba un corte tipo Bee Gees-, hablando con dos mujeres. Tal vez recién regresaba de su experiencia como corresponsal de Atlántida en Europa. Con un cholulismo que no me avergüenza ni siquiera 22 años después, me presenté como un admirador de sus crónicas y le entregué un ejemplar de Retruco -revista underground que hacíamos con otros compañeros-. No le habrá servido de mucho mi obsequio, pero habrá quedado como un duque con las señoritas. No creo que al bueno de Peicovich, por aquella época, lo reconocieran muchos en las semipenunbras de las calles porteñas.
Hace unas semanas encargué en Noticias que le hicieran una entrevista a Peicovich. Estoy seguro de que tiene una historia de vida interesante. Nunca más lo volví a cruzar. Aunque lo leo todos los domingos, para ver si aprendo.


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