Breves apuntes sobre el oficio de editar*

El editor es un abogado del Diablo.
Anima a sus redactores hasta el límite. Los convence de su idea. Pero cuando sus redactores vuelven totalmente entusiasmados, el buen editor cambia de actitud y empieza a verle el pelo en la leche.
Si la nota pasa ese re chequeo significa que es posible publicarla.
A veces los redactores toman lo imaginado y siguen imaginando, y no tienen entre manos lo que creen tener.
Hay que tener mente febril para encargar y mente fría para recibir.
Lo contrario es improductivo y letal.
Un buen redactor es un buen investigador que escribe. Pero un redactor extraordinario es un redactor que edita mentalmente su nota. Es decir, que si le encargaron una nota sobre Elisa Carrió, él ya imaginó la apertura fotográfica, se le ocurrió una infografía y tiene preparado, de antemano, de qué tratarán los dos recuadros.
Ese redactor no lo sabe, pero ya es editor. Y aunque no practique jamás ese otro oficio, mejorará sustancialmente el suyo.

* fragmento de un texto inédito de Jorge Fernández Díaz, secretario de redacción del diario La Nación.


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